En el taller de Alejandra Carabante, el carnaval no es solo una fecha en el calendario. La artista visual sanjuanina ha hecho de su obra un refugio para aquellos rituales que el tiempo y la modernidad parecen empeñados en desdibujar. Con la publicación en sus redes de su premiada obra “El Carrusel desde la vereda”, volvió a dejar en evidencia su sana costumbre de mirar hacia las raíces de una identidad cuyana que respira entre manchas de tinta y trazos de plumín.

La obra en cuestión, que obtuvo el tercer premio en el certamen “Juego de Damas” y que ahora pertenece a una colección privada, es una pieza de gran formato que condensa años de observación. “La idea era justamente armar una serie de obras de gran formato, solo con tinta. Es todo un desafío pasar dibujo a tela, a soporte bastidor”, relató a DIARIO DE CUYO Alejandra sobre el proceso de llevar la minuciosidad de sus cuadernos a una escala mayor. La elección de la tinta china negra y el rojo no fue arbitraria; buscó un impacto visual que obligara al espectador a detenerse en la maraña de personajes que habitan su lienzo.

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El Carrusel desde la vereda

Es que su mirada no se queda en la superficie del espectáculo, sino que se infiltra en la multitud. “La temática que yo trabajo es mostrar estos rituales que tienen que ver con tradiciones sanjuaninas, las costumbres, los personajes, observando mucho a la persona que habita estas tierras cuyanas“, explicó la artista, cuya formación en el teatro le otorga una capacidad especial para componer escenas donde cada figura parece tener una historia propia.

En “El Carrusel desde la vereda”, el foco se desplaza del desfile oficial a la vida que late en los márgenes. Alejandra rescató esa épica de lo cotidiano: el vendedor de espuma, las mascaritas sueltas, la familia que llegaba temprano para ganar un lugar cerca del cordón de la vereda, entre tantos detalles.

 

Hoy el escenario es distinto, ya casi no se ve el carnaval en las calles, pero el ritual creo que en esencia sigue siendo el mismo“, reflexionó, sin ocultar cierta nostalgia por las celebraciones que nacían espontáneamente en los barrios de su Rawson natal. “Donde yo estoy, que yo vivo en una villa, se ha perdido bastante, casi que no se ve”, admitió antes de recordar también el multitudinario y carnavalesco pasado de la Avenida Ignacio de la Roza.

El trabajo de Alejandra es, en muchos sentidos, un acto de preservación. Para construir sus escenas, recurre tanto a su memoria sensorial como a una rigurosa búsqueda en registros fotográficos y crónicas de medios.

“Previo a esta obra hice una serie de dibujos y cosas que tienen mucho que ver con estos personajes. Después fue seleccionar, armar la composición y ver qué iba a ir en la calle y qué afuera, porque fíjate que a lo que pasa en la calle lo tapa bastante lo que pasa en la vereda”, detalló sobre su particular encuadre, que funciona como una ventana hacia un San Juan que ya no siempre está a la vista.

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Alejandra Carabante

Creo que el artista visual, o por lo menos así es para mí, tiene un compromiso que tiene que ver con lo que sucede, con su realidad, con el contexto“, afirmó con convicción.

Mientras sus manos ya se preparan para retratar otros rituales, como los de la próxima Semana Santa, sus dibujos sobre el carnaval -éste y otros realizados en distintos años- quedan como un testimonio gráfico de una época, de una identidad, de una tradición que sigue latiendo en cada trazo.

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