Dicen los que por ahí han pasado que el escenario Atahualpa Yupanqui tiene una mística que no se explica, se siente. Y si a esa energía se le suma el cariño de la gente y el reconocimiento oficial, la experiencia es única. Algo de eso vivió este año Campedrinos, el grupo que acaba de ser destacado como Consagración del Festival Nacional de Folclore de Cosquín. Propuesta que vio la luz en 2009, en ese grupo se destaca una figura que combina la técnica depurada con la pasión cuyana: Carlos Santana, el guitarrista sanjuanino que, tras tres años de rodaje con la banda, vivió en la Próspero Molina una de las noches más determinantes de su carrera.

Para Santana, esta edición no fue una más. Aunque ya conocía el rigor y la gloria del escenario mayor de América por haber acompañado a otros artistas en el pasado, debutar allí con Campedrinos tuvo un sabor distinto. El reconocimiento llega en un momento de madurez colectiva, consolidando un proyecto que, si bien es liderado por Sergio Prada y Agustín Fantili, funciona como una maquinaria aceitada donde cada pieza es vital.

“Cosquín tiene como una magia especial, es un escenario que para el folclorista significa un montón. El mismo lugar tiene una energía ahí que todos la percibimos”, confesó a DIARIO DE CUYO el talentoso músico veinticinqueño, todavía con la emoción a flor de piel tras el anuncio que los colocó en el Olimpo del festival.

La historia de Carlos con la banda comenzó hace exactamente tres años, marcada por una decisión: dejar la comodidad de su San Juan natal para probar suerte en los grandes polos culturales. “Me fui a Córdoba para trabajar de la música, porque por ahí las grandes capitales permiten otra actividad que el resto de las provincias no”, explicó con la serenidad de quien sabe que el talento debe ser acompañado por la búsqueda, por el movimiento. Fue en “la Docta” donde su nombre empezó a circular entre colegas hasta que una vacante en Campedrinos le abrió la puerta. El debut no pudo ser más vertiginoso: “Mi segundo show con ellos literalmente fue en el Festival de Jesús María, en horario televisivo. Ya era una banda que estaba en pleno crecimiento”, señaló.

 

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Hace tres años que Carlos Santana forma parte de Campedrinos, banda Consagración 2026 en Cosquín

Desde aquel bautismo de fuego, el sanjuanino se convirtió en un pilar del sonido del grupo. Aunque Campedrinos tiene dos “frontmen”, la puesta en escena actual otorga un protagonismo visual y sonoro a los músicos que no pasa desapercibido. En la transmisión oficial de este Cosquín 2026, las cámaras enfocaron varias veces las manos de Santana, capturando la esencia de una “guitarra sanjuanina” que se hace notar. Él lo vive con naturalidad y espíritu de equipo: “Somos un equipo muy unido. Obviamente los chicos lideran esto, pero somos todos muy compañeros. En Cosquín hubo mucho protagonismo para todos y cada uno contribuye con su grano de arena para que el resultado sea el mejor”, resaltó.

La consagración es, para Santana, la ratificación de un rumbo que la banda trazó con trabajo silencioso y giras interminables. Durante el último año, el grupo recorrió los cuatro puntos cardinales del país, alternando los grandes festivales con temporadas de teatro que los llevaron desde el sur profundo hasta el norte argentino. “Es un premio al esfuerzo que dan todos. Es algo que siempre soñamos y vamos a la búsqueda; por ahí no nos ilusionamos tanto, pero trabajamos para hacer un buen show, para que a la gente le guste”, reflexionó el guitarrista, admitiendo que, aunque el deseo estaba latente, la noticia de la Consagración fue una “gran sorpresa” que los encontró enfocados en el oficio de tocar.

El reconocimiento en Cosquín 2026 no solo proyecta a Campedrinos a una escala superior de convocatoria, sino que también posiciona a Santana como uno de los instrumentistas más destacados de su generación. En lo personal, asegura que estar en un proyecto así le permite mostrarse y adquirir una experiencia laboral inigualable. Y, de algún modo, el premio ratifica el rumbo que tomó hace tres años, cuando decidió armar las valijas para buscar nuevos horizontes, dejando que su guitarra hablara por él.

Sin embargo, a pesar de la vorágine que implica formar parte de uno de los grupos con más proyección del género -con una agenda cerrada hasta bien entrado abril-, el artista no olvida sus raíces. Su vida transcurre entre las giras nacionales, su trabajo como productor y grabador independiente, y esos regresos mensuales a San Juan que son su cable a tierra. “Siempre estoy yendo a San Juan, al menos una vez al mes. Siempre me sumo si algún amigo canta o toca en un festival”, dijo Carlos, para quien la música es tanto la adrenalina del escenario mayor como la guitarreada informal con los amigos de toda la vida.