“Dios Salve al Rey”. Durante la ceremonia, la multitud reunida en la Abadía de Westminster se unió en un coro de “Dios Salve al Rey” mientras el príncipe Carlos era coronado.

En una mañana lluviosa, el rey Carlos III fue ungido y coronado ayer en el mayor acto ceremonial celebrado en Gran Bretaña en las últimas siete décadas. Una multitud de londinenses presenció un suntuoso despliegue de pompa que se remonta a 1.000 años atrás.

Ante un centenar de líderes mundiales y millones de telespectadores, el Arzobispo de Canterbury, líder espiritual de la Iglesia Anglicana, colocó la corona de San Eduardo, de 360 años, sobre la cabeza de Carlos, sentado en un trono del siglo XIV en la Abadía de Westminster. En ese lugar, unos 2.300 invitados presenciaron la ceremonia: entre ellos, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

Se disparó salvas de artillería en la Torre de Londres y por toda la capital, la nación, Gibraltar, Bermudas y los barcos en alta mar. "Dios salve al Rey Carlos. Larga vida al rey Carlos. Que el rey viva para siempre", dijo la congregación en la abadía tras una fanfarria de trompetas.

Durante el histórico y solemne servicio de dos horas, que se remonta a la época de Guillermo el Conquistador en 1066, la segunda esposa de Carlos, Camilla, también fue coronada reina.

El acto de ayer fue de menor envergadura que el de la reina Isabel en 1953, pero no por ello dejó de ser espectacular, con un despliegue de galas históricas, desde orbes dorados y espadas enjoyadas hasta un cetro con el diamante incoloro más grande del mundo.

Carlos, de 74 años, sucedió automáticamente a su madre como rey a la muerte de esta en septiembre, y la coronación no es esencial, sino que se considera un medio para legitimar al monarca de forma pública.

Tras el servicio religioso, Carlos y Camilla, de 75 años, partieron en el Gold State Coach de cuatro toneladas construido para Jorge III, el último rey de las colonias americanas de Gran Bretaña, para dirigirse al palacio de Buckingham en una procesión en la que participaron 4.000 militares de 39 naciones.

Mientras tanto, cientos de soldados con uniformes escarlata y sombreros negros de piel de oso se alineaban a lo largo de The Mall, el gran bulevar que conduce al palacio, en lo que constituye el mayor acto ceremonial de este tipo en Gran Bretaña desde la coronación de la madre de Carlos.

Decenas de miles de personas hicieron caso omiso de la lluvia torrencial para asistir a lo que algunos consideraron un momento histórico.

El rey, de 74 años, y la reina consorte de 75 llegaron al edificio religioso ubicado en el centro de Londres tras una breve procesión en carroza desde el Palacio de Buckingham.

En tercera fila. En la ceremonia, las miradas se posaron sobre el príncipe Harry, quien hace tres años renunció a sus funciones en la corona y ayer acudió solo, sin su esposa Meghan Markle. Es por eso que el príncipe de Sussex quedó relegado en la tercera fila.

La ceremonia no estuvo exenta de protestas, con la detención en las calles de manifestantes antimonárquicos.

Pancartas amarillas del grupo antimonárquico Republic exponían frases tales como "No es mi rey".

"Cuando era niña, pude ver (la coronación de) la reina Isabel por televisión en Hartford (Connecticut), en casa de una amiga, porque no teníamos televisión", dijo la profesora estadounidense jubilada Peggy Jane Laver. "Así que estoy encantada de estar aquí para la coronación en persona".

En el interior de la abadía, engalanada con flores y banderas, políticos y representantes de los países de la Commonwealth tomaron asiento junto a celebridades, entre ellas la cantante estadounidense Katy Perry.

Carlos se mostró solemne mientras juraba gobernar con justicia y defender la Iglesia de Inglaterra, de la que es titular. El Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, le ungió las manos, la cabeza y el pecho con óleo consagrado en Jerusalén. Tras recibir los simbólicos ornamentos, Welby le colocó la Corona de San Eduardo en la cabeza y la congregación gritó "Dios salve al Rey".

Sueño realizado. El arzobispo de Canterbury, líder espiritual de la Iglesia Anglicana, posa sobre la cabeza de Carlos la preciada corona.

A continuación, su hijo mayor y heredero, el príncipe Guillermo, se arrodilló ante su padre para prometerle lealtad como "señor de la vida y la muerte". A la salida de la abadía, Carlos vestía una túnica de seda y armiño.

Gran parte de la ceremonia contó con elementos que los antepasados de Carlos, desde el rey Edgar en 973, reconocerían, según las autoridades. Se cantó el himno de la coronación de Haendel, "Sadoc el Sacerdote", como se ha hecho en todas las coronaciones desde 1727.

Pero también hubo novedades, como un himno compuesto por Andrew Lloyd Webber, famoso por sus espectáculos teatrales en el West End y Broadway, y un coro de gospel.

El nieto de Carlos, el príncipe Jorge, y los nietos de Camilla hicieron de pajes, y al final hubo un saludo "sin precedentes" de líderes religiosos.

Los herederos. El príncipe Guillermo sigue la ceremonia junto a su primogénito, Jorge, tercero en la línea de sucesión, después de su padre
  • Los más elegantes

Según especialistas, el look de la reina Máxima de Países Bajos fue uno de los más esperados de la ceremonia. Junto a su esposo, el rey Willem-Alexander, deslumbraron con sus atuendo. Fiel a su estilo, la reina optó por la simpleza. La primera mejor vestida de la jornada fue la reina Rania de Jordania que llegó con su esposo, el rey Abdullah.

El músico australiano Nick Cave fue una de las celebridades más destacadas. Su look sencillo pero elegante estuvo acorde a la ceremonia. La actriz estadounidense Katy Perry fue una de las celebridades más esperadas de la jornada. A pesar de su deslumbrante gargantilla Three Row Pearl Bas Relief de la colección de Vivianne Westwood, su total look no logró convencer al ojo crítico de los diseñadores.

Adornos. Carlos pasó por el Arco del Almirantazgo, adornado en sus alrededores por banderas de la Commonwealth.
  • La lluvia no frenó la fiesta en la calle

Miles de personas tomaron las calles del centro de Londres para celebrar la coronación de Carlos III y Camila, en una jornada festiva pese a la intensa lluvia que cayó sobre la capital británica.

Desde primera hora de la mañana, se palpaba la emoción de los asistentes congregados en los aledaños del céntrico Green Park, a la espera de poder avistar a los reyes en su carruaje durante la procesión que partió del Palacio de Buckingham hacia la Abadía de Westminster.

No sólo ingleses, sino también numerosos visitantes estadounidenses, austriacos, franceses, brasileños y hasta japoneses se cubrían con la bandera británica, conocida como Union Jack, y portaban imágenes con el rostro del rey, dispuestos a vivir en primera persona un momento único en la historia reciente. Pese a la meteorología desapacible en la capital británica, el ambiente por las calles de Londres era jovial y festivo. Abundaban las pantallas mostrando la coronación minuto a minuto, banderas y retratos de Carlos y Camila en los escaparates, y hasta grandes coronas sobre las paradas de autobús del centro de la ciudad, un despliegue que demuestra la influencia de la monarquía británica en el Reino Unido del siglo XXI.

Un clásico. Carlos III, junto a Camila y otros miembros de la familia real, saluda desde el balcón a la multitud que vibró bajo la lluvia.
El viaje del rey. Carlos regresa en su dorado carruaje al Palacio de Buckingham después de ser coronado en la Abadía de Westminster.