La tensión por la crisis política que vive Honduras disminuyó ayer, en una jornada en que los seguidores del presidente depuesto, Manuel Zelaya, volvieron a concentrarse rodeados de policías, y se hicieron nuevos llamamientos al diálogo.

El día en que Tegucigalpa cumplía 431 años, pintarrajeada con mensajes contra el golpe de Estado y sin actos para festejar la efeméride, los seguidores de Zelaya volvieron a concentrarse en la Universidad Pedagógica, en lo que calificaron como un "acto de desafío" al decreto del Gobierno de facto que suspende varias garantías constitucionales desde el sábado pasado.

Al igual que el lunes, aunque en un clima de menor tensión, cientos de simpatizantes de Zelaya estuvieron en los alrededores de la Universidad Pedagógica, principal punto de partida de las marchas del movimiento popular que rechaza el golpe de Estado, rodeados por un fuerte cerco policial.

El dirigente popular Juan Barahona, uno de los líderes del Frente Nacional de Resistencia contra el golpe de Estado, indicó que "salir a la calle, en donde sea, es hoy un desafío al decreto". "Vamos a continuar la resistencia saliendo a las calles", dijo.