Una marcha convocada por grupos de izquierda pro kurda a favor de la paz en Turquía terminó ayer en Ankara en el peor atentado terrorista de la historia moderna del país eurasiático, con al menos 95 muertos y 246 heridos.
Son cifras del centro de coordinación de la oficina del primer ministro. La marcha se registró a tres semanas de las elecciones legislativas anticipadas en Turquía. Todo indica que dos suicidas detonaron dos bombas en medio de la muchedumbre, que se había reunido cerca de la estación central de trenes de la capital turca. El primer ministro de Turquía, Ahmet Davutoglu, consideró ayer que “hay muy nítidas indicaciones” en ese sentido, aunque no quiso atribuir la responsabilidad del suceso a una organización.
Las bombas explotaron a las 10 hora local (4 en Argentina). Debido el elevado número de heridos graves (48 en cuidados intensivos) es probable que el balance final del atentado sea peor. En medio de cánticos, en una soleada mañana de sábado, dos potentes explosiones con unos minutos de diferencia desataron pánico.
Fueron tan fuertes que cientos de personas quedaron salpicadas por una lluvia de restos de cuerpos humanos. “Es la peor tragedia terrorista en la historia de Turquía. Estuve cerca del lugar. Había brazos, piernas y intestinos por todas partes. La gente acudió por la paz pero vieron la muerte”, dijo Faruk Bildirici, defensor del lector del diario Hürriyet.
De las dos bombas, una fue detonada en medio de ciudadanos sin identificación política, y la otra, cerca de un punto donde ondeaban banderas del HDP, el partido de la izquierda kurda. La nación turca tiene la mayor población de miembros de la etnia kurda en la región, en donde mantienen una férrea lucha por su independencia. Hasta ahora, nadie ha reivindicado la autoría del atentado, el más sangriento en la historia turca.
Según Davutoglu, “en la investigación se consideran todos los grupos terroristas”. Enumeró el Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo jihadista Estado Islámico (EI), Al-Qaeda y los grupúsculos de la ultraizquierda turca.
El presidente de Turquía, el islamista Recep Tayyip Erdogan, condenó el atentado, como un “abominable ataque”, pero agregó que “no se distingue en nada de los actos de terror contra ciudadanos inocentes, funcionarios y policías”, en referencia a las acciones del ilegal PKK, la guerrilla kurda.
El atentado ha abierto aún más el abismo entre el AKP, el partido islamista en el poder desde 2002, y la izquierda que considera al Gobierno responsable de haber arrastrado a Turquía a una espiral de violencia para ganar votos nacionalistas.
La protesta de ayer pretendía pedir el fin de la renovada violencia entre rebeldes kurdos y fuerzas de seguridad turcas. Tras las explosiones, agentes dispararon al aire para dispersar a los manifestantes encolerizados por el ataque, y que gritaban “policías asesinos”.
Después del atentado, los rebeldes del PKK, que desde hace tres meses multiplicaron sus ataques contra las fuerzas de seguridad turcas, anunciaron la suspensión de sus actividades al menos hasta las elecciones legislativas previstas para el 1 de noviembre.
En las legislativas del 7 de junio pasado, el partido del presidente islamista conservador Recep Tayyip Erdogan perdió la mayoría absoluta que tenía en el Parlamento desde hace 13 años, en parte gracias al buen resultado del HDP. Tras fracasar las negociaciones para formar un gobierno de coalición, Erdogan convocó unas elecciones anticipadas para el 1 de noviembre en las que espera recuperar la iniciativa política.

