La censura en el escándalo por infidelidad del jugador emblema del Manchester United, que se amparó en una ley mordaza para impedir que los medios revelaran su nombre cuando se hizo publica su relación adúltera a través de una filtración de Twitter, terminó ayer gracias a la indiscreción de un diputado. Un gesto que marca el comienzo de una batalla entre la Justicia y el Parlamento británico respecto del derecho de los famosos de preservar su identidad y vida privada.

El nombre del futbolista galés, Ryan Giggs, el gran capitán del último campeón de la Premier League, ocupó ayer la portada de todos los diarios británicos que se despacharon a gusto después de un mes de censura.

Después de que miles de usuarios de Twitter airearan la identidad del multimillonario futbolista y de que su nombre se coreara incluso en los campos de fútbol sin que los diarios británicos pudieran mencionar su nombre, bastó el que un diputado liberaldemócrata lo revelara en un debate parlamentario para saliera finalmente en letra impresa el secreto peor guardado de este país.

Giggs, casado, padre de dos hijos, mantiene un affeire con la ex modelo de 28 años, Imogen Thomas, que fue Miss Gales en 2003 y que recientemente participó en el “Gran Hermano” inglés.
“Mister Speaker -dijo el lunes el diputado John Hemming, dirigiéndose al presidente de la Cámara de los Comunes-, cuando 75.000 personas han mencionado a Ryan Giggs en Twitter, no es factible encarcelarlos a todos”.

Su intervención, que suscitó las críticas inmediatas del “speaker” de los Comunes, se produjo poco después de que un juez del Alto Tribunal rechazara el último intento de un poderoso grupo periodístico de que se revocara la orden mordaza que impedía a los medios de comunicación británicos publicar un hombre que llevaba semanas en la blogoesfera.

Esa revelación del diputado, bajo el argumento de que era en defensa de la libertad de expresión, supone un duro golpe para el bufete legal que representa a Giggs y que, previo pago de una suma muy importante, había intentado hasta ese momento impedir lo que parece ya irremediable en la era de las redes sociales no reguladas como Twitter y de Facebook.

La protección de la privacidad de los ricos y famosos se ha convertido en un negocio altamente lucrativo para las firmas legales como Schilling, que hace unos años defendió por ejemplo con éxito a la modelo Naomi Campbell frente al tabloide Daily Mirror, que la había fotografiado a la puerta de la organización “Narcotics Anonymous”.

Ese bufete y su fundador, Keith Schillings, son conocidos en la profesión periodística y entre sus colegas del mundo legal por la tenacidad y agresividad con la que defienden a sus clientes, asumiendo fuertes riesgos, algo que pueden permitirse, según “The Times”, porque sus clientes son riquísimos.

Tras este incidente y mientras sigan en vigor varias decenas de órdenes mordaza destinadas a proteger la intimidad de deportistas, banqueros y otros famosos frente a la insaciable y morbosa curiosidad de los tabloides británicos, la batalla está claramente planteada entre los poderes legislativo y judicial.

El diputado liberal demócrata que, haciendo uso del privilegio parlamentario, mencionó este lunes el nombre del futbolista de la Premier League inglesa, no hizo otra cosa que lanzar un guante a los tribunales.

El llamado “lord chief justice”, que está al frente de la administración de la justicia en Inglaterra y Gales, advirtió a la prensa de que lo pensase bien antes de informar de ese hecho a la vez que se preguntó si era correcto que un legislador desafiase así una orden judicial.

Claro que, dicen los críticos, Cameron no es neutral en ese asunto pues tiene interés en ponerse de parte de los tabloides, sobre todo los del poderoso grupo del magnate Rupert Murdoch, en su batalla con los jueces, en la seguridad de que éstos le devolverán el favor.

Y la pregunta que hay que hacerse es si un lío de faldas de un futbolista es realmente un asunto de “interés público”, como pretenden los tabloides, o algo que no deba afectar a alguien más que a él y a la mujer a la que ha engañado.

Por lo pronto el escándalo ya afectó al Manchester United ya que Giggs faltó a los entrenamientos del equipo que se prepara para disputar este sábado la primera final de la Liga de Campeones ante el Barcelona de Lio Messi.