Corea del Norte volvió a desafiar ayer a los Estados Unidos con el lanzamiento fallido de un misil que explotó a los pocos minutos. La prueba se hizo en medio del pomposo desfile militar organizado por Pyongyang -la capital del país asiático- para celebrar el 105 aniversario del fundador del régimen, Kim Il-sung.

 

 

A menos de 200 kilómetros de la capital norcoreana se encuentra el vicepresidente de Donald Trump, Mike Pence, que viajó a Seúl y calificó de "provocación" esta prueba, que aumenta la tensión que se vive en la península coreana.

 

"Se trata de una provocación, que es simplemente el último recordatorio de los riesgos que encara cada uno de ustedes cada día", le dijo Pence ante un grupo de militares estadounidenses durante una cena por el Domingo de Pascua en la céntrica base militar de Yongsan, en la capital surcoreana. Pence viajó junto a su mujer y sus dos hijas en la base aérea de Osan (al sur de Seúl) poco después de que Corea del Norte tratara de lanzar sin éxito desde la localidad de Sinpo (este del país) un misil que estalló poco después de ser disparado.

 

La acción norcoreana es una nueva muestra del desafío hacia Washington con su programa armamentístico, un día después de haber celebrado el aniversario del fundador del régimen, Kim Il-sung, abuelo del actual líder Kim Jong-un. En la prueba se exhibieron misiles de alcance intercontinental, con la promesa de responder a un hipotético ataque estadounidense con armas nucleares.

 

El número dos de la Administración Trump visitó la base después de pasar por el Cementerio Nacional de Seúl, donde están enterrados veteranos de la Guerra de Corea (1050-1953), en un gesto para reforzar la alianza militar entre Washington y Seúl. Pence aseguró durante la cena que bajo el liderazgo de Trump "el compromiso con estaalianza histórica" es más fuerte que nunca.