Andreas Lubitz, el copiloto alemán que estrelló deliberadamente el martes un avión Airbus A320 Germanwings en los Alpes franceses, rompió y ocultó certificados médicos que demostraban que sufría una enfermedad que le impedía volar el día de la tragedia.

La Fiscalía federal de Düsseldorf comunicó ayer que los registros practicados en las dos viviendas que frecuentaba Lubitz han servido para hallar varios documentos que arrojan luz sobre la situación personal del copiloto del vuelo 9525, que se encerró solo en la cabina y lanzó en forma voluntaria el avión contra la montaña causando la muerte a 150 personas, la suya incluida.

“Se aprehendieron documentos médicos que apuntan a una enfermedad y su correspondiente tratamiento médico”, entre ellos “bajas médicas, actuales e incluso vigentes para el día de los hechos, hechas pedazos”, describió la Fiscalía.

Los investigadores consideran que el copiloto trató de esta manera de “ocultar su enfermedad a su empleador y su entorno profesional”.

En Alemania, los trabajadores deben informar a sus empleadores si no pueden trabajar.

La Fiscalía no dio cuenta de qué tipo de enfermedad aquejaba a Lubitz, de 28 años, aunque varios medios alemanes coincidieron en informar de que el copiloto sufría problemas psicológicos.

El “Süddeutsche Zeitung” aseguró que una de las bajas médicas halladas en los registros había sido emitida por un neurólogo y psiquiatra.

Según ese medio, Lubitz se había sometido durante bastante tiempo a varios tratamientos psiquiátricos a cargo de distintos médicos, el último de los cuales le había emitido la baja descubierta en pedazos.

El popular rotativo “Bild” publicó, citando “círculos de Lufthansa”, matriz de Germanwings, que la pausa de seis meses que Lubitz hizo en 2009 durante su formación como piloto se debió a un “grave episodio depresivo” para el que necesitó tratamiento.

El informe señala que Lubitz pasó más de un año bajo tratamiento psiquiátrico.

Lufthansa y fiscales alemanes, que declinaron comentar sobre el reporte, reconocieron que Lubitz interrumpió su entrenamiento en el 2009, pero el CEO de la aerolínea, Carsten Spohr, dijo que no había nada en los antecedentes del piloto que sugiriese que era un riesgo.

“Después de que recibió el visto bueno, regresó al entrenamiento. Aprobó todas las pruebas y chequeos con mucho éxito. Sus capacidades de vuelo eran impecables”, dijo Spohr el jueves.

Además, según filtraron varios medios, el acta del copiloto en la Oficina Federal de Aviación lleva la abreviatura “SIC”, propia de quien requiere un “examen médico regular específico”.

La Clínica Universitaria de Düsseldorf, respondiendo a algunas informaciones, confirmó que Lubitz fue atendido en sus instalaciones (la última vez el 10 de marzo), pero tildó de “incorrecto” que fuera para un tratamiento por depresión y precisó que el joven acudió para contrastar diagnósticos, sin aportar más detalles.

Es probable que surjan cuestionamientos sobre los procedimientos que aplica la aerolínea para seleccionar a sus pilotos. Y de confirmarse la información del reporte, Lufthansa podría tener que entregar grandes sumas en reparaciones.

Mientras tanto, sigue sin haber evidencias que respalden la hipótesis de una motivación terrorista.

En este sentido, la Fiscalía dijo que en los registros no se han encontrado “indicios que apunten a un trasfondo político o religioso” en el comportamiento del copiloto.

En tanto, los forenses ya cuentas con entre 400 y 600 restos humanos que están siendo analizados para su identificación. La violencia del impacto prácticamente pulverizó a los pasajeros, cuyos restos ardieron posteriormente en la explosión del queroseno

del aparato.