Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, los rituales cotidianos de los estadounidenses, principalmente en las grandes ciudades, fueron cambiando y adaptandose a las transformaciones implementadas en materia de seguridad, hasta llegar a vivir en un estado de alerta casi permanente.
Tras declarar la guerra contra el terrorismo, y especialmente contra Al Qaeda, las administraciones de George W. Bush y luego la de Barack Obama incluyeron en el lenguaje colectivo nuevos conceptos como los de “prevención”, “riesgos”, “amenazas” y “lucha contra el terror”, que hoy forman parte del diálogo cotidiano de la gente en EEUU.
Así es como el gobierno federal implementó en 2010 la campaña “Si ves algo, di algo”, que convoca a la ciudadanía a dar aviso a las autoridades de objetos o movimientos extraños que llamen su atención, ya sea en un edificio público, un evento musical o deportivo, en algún medio de transporte o en la calle.
Este mecanismo se ve traducido, por ejemplo, en el subte, donde habitualmente una voz en off y varios carteles en los trenes repiten este mensaje, el cual fue intensificado a días del décimo aniversario de los atentados, con la advertencia de que el usuario puede ser seleccionado de forma aleatoria para ser revisado por oficiales de seguridad.
El resultado de estos mecanismos de prevención tuvo su reflejo en la población de Washington con el inusual terremoto de 5.9 grados que la afectó semanas atrás. El sismo generó “desesperación” en la gente que, aunque respetando los practicados simulacros de evacuación, como primera alternativa pensó que la ciudad había sido víctima de otro atentado.
“La cara de la gente era de desesperación, corría, estaba asustada porque no sabía que pasaba” y la idea que surgió ante el desconocimiento fue “que podía ser un atentado”, relató entonces a la agencia Télam un argentino que trabaja a cuadras de la Casa Blanca. Esa inquietud -aunque a nivel reducido- puede surgir también cuando aparece un objeto abandonado en una calle, tal el caso de la hielera que meses atrás causó el cierre de parte de Times Square, en Nueva York, a metros de donde días antes había sido descubierto un vehículo con explosivos, y que colmó la atención de toda la prensa local e internacional.
Después del trágico 2001, a raíz de los nuevas medidas en materia de defensa y políticas que fueron implementando los gobiernos desde entonces, la población “sintió que tuvo que tomar el peso de sus derechos que han sido acotados”, comenta el asesor adjunto de Seguridad Nacional para el Combate del terrorismo del ex presidente George W. Bush, Juan Zárate.
Tras el atentado al World Trade Center, una de las comunidades que más se vieron afectadas en Estados Unidos fue la musulmana, donde “se impuso un tema negativo” sobre esa religión basado en lo que hizo la red Al Qaeda “en nombre del Islam”.
Si bien esto no representaba a todos los musulmanes ni a todas sus ramas, despertó un sentimiento en esa comunidad de comenzar a verse “como sujetos de la seguridad”, pero también por primera vez como musulmanes-estadounidenses en donde entre los más moderados surgió a su vez “una voz” en el debate dentro de sus círculos.
No obstante, el hecho de que algunos sientan atracción por la ideología del movimiento, sigue siendo foco de preocupación de las autoridades que buscan combatir las amenazas originadas también internamente, señaló al respecto el asesor del think tank, CSIS.
Con la imagen de Osama Bin Laden en los noticieros, periódicos y medios de difusión durante casi una década, al conocerse su muerte el domingo primero de mayo la gente no tardó en unirse y salir a las calles a celebrar que el principal enemigo de su seguridad nacional había caído bajo el liderazgo de un comando especial estadounidense.
Este acontecimiento, dio lugar a que “en la imaginación de la gente se pueda hablar y pensar en el fin de Al Qaeda”, pero lo cierto es que “el riesgo del terrorismo no se va a esfumar mañana ni siquiera cuando Al Qaeda se vaya”, advirtió Zárate.
“Siempre van a haber actos de terrorismo, grupos que quieren atacar a los Estados Unidos”, concluyó sobre lo que comenzó hace diez años pero se desconoce cuándo finalizará o cómo continuará influenciando la vida de la gente.

