El Papa Francisco rezó en una oración intensa, postrado en tierra durante la celebración este Viernes Santo de la Pasión de Cristo en la basílica de San Pedro, vestido con los paramentos rojos y la cabeza apoyada en un cojín. Así comenzó la ceremonia que duró una hora y 45 minutos. Todos los fieles y sacerdotes que llenaban la nave central de la basílica acompañaron al pontífice de rodillas.

Francisco comenzó de esta manera el primer rito de la jornada de luto de la Iglesia de 1.300 millones de bautizados, que concluyó con el Vía Crucis del Coliseo. En todo el mundo, no hay misas por el luto. La eucaristía es un sacramento y los sacramentos nacen a partir de la resurrección de Cristo y el Viernes Santo se evoca su muerte en la cruz, tras ser capturado en Jerusalén después de la Última Cena.

En la liturgia de la palabra, el predicador de la Casa Pontificia, padre Raniero Cantalamesa, un franciscano capuchino, dijo que Jesús de Nazareth “es un hombre misterioso de los dolores, despreciado y rechazado por los hombres”. 


 

“Hoy queremos contemplar el Crucifijo como el prototipo y el representante de todos los rechazados, los desheredados, los descartados de la tierra, aquellos delante de los cuales se da vuelta la cara a otra parte para no ver”, agregó el padre Cantalamessa.

El predicador, a quien el Papa escuchó atentamente, afirmó que “en la cruz, Jesús se convirtió en el emblema de la humanidad humillada y ofendida. Nos viene de adentro exclamar: Rechazados, refutados, parias de toda la tierra: ¡el hombre más grande de la historia ha sido uno de ustedes!”. El predicador pontificio pidió a las religiones que no permanezcan indiferentes ante la pobreza.

El Papa argentino estaba sentado en un trono frente a la escultura de color oscuro de San Pedro y permaneció en silencio, sin pronunciar una homilía.


 

Cantalamessa dijo que “la Iglesia Católica recibió el mandato de su fundador de ponerse de la parte de los pobre y los débiles”.

Añadió que “pocos privilegiados poseen bienes que no podrían consumir aunque vivieran siglos enteros. Y masas aniquiladas de pobres no tienen un trozo de pan y un sorbo de agua para dar a us hijos. Ninguna religión puede permanecer indiferente, porque el Dios de todas las religiones no es indiferente ante todo esto”.

Tras la oración universal, la segunda parte de la ceremonia fue dedicada a la adoración de la cruz, llevada en procesión. El crucifijo fue besado primero por el Papa y después por religiosos y laicos.

Los ritos culminaron con la comunión. El Papa y todos los demás presentes en la basílica se dirigieron al Coliseo donde se realiza la tradicional vía Crucis de las 14 estaciones del Calvario.