Un terremoto es siempre una hecho desafortunado, cuyas marcas y consecuencias persisten por varias generaciones. Eso lo sabemos muy bien los sanjuaninos, que hemos sufrido en varias oportunidades este tipo de catástrofes, y fue la del 15 de enero de 1944 la que dejo la huella más profunda.
Comparar lo que fue nuestra mayor desgracia, con el terremoto que la semana pasada castigo a Haití puede darnos una dimensión de la actual catástrofe. El sismo sanjuanino afectó esencialmente a lo que denominamos el radio de las cuatro avenidas (España, 9 de Julio, Rawson y 25 de Mayo), la zona de Concepción y en menor medida los otros departamentos urbanos. En Haití casi el conjunto del país, que es grande como una tercera parte de la provincia de San Juan, ha quedado afectado. La capital de esa nación centroamericana, Puerto Príncipe, y otras ciudades están en ruinas. Aunque en algún momento se afirmo que los muertos en nuestra ciudad llegaron a 10.000, estudios históricos más rigurosos hacen oscilar esta cifra entre 3.500 y 5000 decesos, y probablemente el número más cerca de nuestra realidad este en torno a los 4.000 fallecidos. En la isla caribeña hay quienes sostienen que los muertos debido al primer impacto del terremoto pueden ser 100.000 tan sólo en la capital del país.
En San Juan, si bien el interventor del gobierno militar que estaba a cargo del gobierno de la provincia prácticamente no entendió lo que había ocurrido, las diferentes instituciones estatales se mantuvieron en pie y esto permitió organizar la ayuda en una forma muy eficiente para los cánones de la época. Los recursos humanos y materiales del regimiento de infantería de montaña con sede en nuestra provincia no sufrieron ninguna pérdida y muy pocas horas después del sismo estaban organizando los primeros socorros, y evitaron que se extendiesen los saqueos y despojos a los cadáveres. Inmediatamente se pudo comunicar, vía telefónica, los efectos del terremoto a la ciudad de Mendoza y desde allí la mala noticia se trasmitió a todo el país. Los médicos y enfermeras mendocinas fueron los primeros en llegar a auxiliarnos: tan sólo 6 horas después del derrumbe ya había algunos de ellos, trabajando en el hospital Rawson. En la mañana siguiente, arribaron profesionales médicos de Córdoba y se a trasladó a los heridos más graves a Mendoza. Un poco más de 2.000 de ellos fueron curados allí. Seis días después del terremoto y en locales de fortuna los bancos reanudaron sus actividades y a pesar del luto y del dolor los sanjuaninos comenzaron a preparar exámenes escolares y a realizar planes para levantar la cosecha.
En la nación caribeña de Haití, junto con los edificios se desplomaron las diferentes entidades estatales, que ya eran muy deficitarias antes del sismo del martes pasado. La policía haitiana desapareció y con ello cualquier posibilidad de establecer un orden mínimo en el corto plazo. Los caminos que comunican las ciudades están bloqueados por los escombros y el principal puerto del país está destruido, lo mismo ha ocurrido con los pocos hospitales y centros sanitarios. La consecuencia es que si bien la ayuda de todo el mundo está llegando a raudales es prácticamente imposible acercarla a quienes la necesitan, los equipos de especialistas en socorrer personas sepultadas por los escombros poco han podido hacer, y esto ha aumentado el número de víctimas fatales. De hora en hora la situación es más crítica, ya casi no hay combustible, y debido a esto las comunicaciones móviles se verán muy afectadas. Tampoco agua potable para la población ,aunque algunos encontrarán este recurso a partir de la producción que puede lograrse desde un gigantesco porta aviones estadounidense que acaba de anclar frente a las costa haitianas. También falta la comida. Aunque ésta esté llegando en la cantidad necesaria es imposible distribuirla debido a la falta de caminos transitables y a los enormes problemas de seguridad que se están presentando.
Bandas de desesperados armados de cuchillos y hachas, hacen muy peligrosa cualquier tipo de actividad humanitaria, los saqueos y robos han producido ya numerosas víctimas. Para poner un poco de orden se están desplegando 10.000 soldados de Estados Unidos y se agregarán 3.500 de otras naciones. Pero cuando se haya restablecido el orden, será muy tarde para muchos, con lo que es de esperarse que el número de víctimas mortales se irá incrementando todavía más.
Son millones los que se han quedado sin vivienda, por lo que habrá mucho que ayudar para el futuro. Espero que los sanjuaninos a quienes tanto se ayudó cuando ocurrió su catástrofe, estén entre los más solidarios.

