Francisco cumple hoy un año de pontificado marcado por las reformas en la Curia, la apertura de la Iglesia y por sus muestras de sencillez y cercanía a la gente. El Papa del fin del mundo desató en apenas un año una ‘revolución espiritual‘ que inyectó aires de renovación en una Iglesia sumida en los escándalos y con sangría de fieles, y evidenció su idea de ‘una Iglesia pobre y para los pobres‘ con la elección de Francisco como nombre pontificio.
Jorge Bergoglio, de 77 años, un jesuita con corazón franciscano, marcó su estilo desde el primer minuto de aquel 13 de marzo al presentarse como Obispo de Roma desde el balcón del Vaticano con un simple ‘buenas noches‘ e interactuar con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, con quienes realizó una plegaria y pidió que rezaran por él.
Austeridad, tolerancia, cercanía, pero sobre todo misericordia para comprender antes que juzgar, fue el camino de renovación propuesto por el primer papa americano y jesuita de la historia eclesiástica.
Francisco subrayó esa necesidad de comprensión hacia el otro que pregona al responder ‘¿quién soy yo para juzgar a un gay?‘, y su preocupación por los marginados al visitar la isla italiana de Lampedusa, donde condenó la ‘globalización de la indiferencia‘ ante el drama los inmigrantes que suelen llegar a bordo de pateras desde África.
El Papa también priorizó en este período el diálogo interreligioso. Destacó la persistencia en fe de la comunidad judía pese a las ‘terribles pruebas‘ sufridas y advirtió que por sus raíces un cristiano ‘no puede ser antisemita‘. Y tuvo un trato amable con los musulmanes, a quienes llamó ‘hermanos‘.
En este primer año de pontificado, Bergoglio tomó decisiones importantes en orden a la reclamada reforma de la Curia Romana y la transparencia de las finanzas vaticanas. Movió de la secretaría de Estado al cardenal Tarcisio Bertone, hombre fuerte de la cuestionada vieja guardia, salpicado por los escándalos de la fuga de documentos del Vaticano. Nombró un equipo de asesores para reformarla y otro para supervisar el funcionamiento del IOR o Banco Vaticano, además de crear un ministerio de Economía, que gestionará las actividades económicas y administrativas de la Santa Sede, con el objetivo de transparentarlas y hacerlas más eficientes. Asimismo, abrió al debate temas espinosos en la Iglesia como el papel de la mujer a la que quiere darle más espacio en la Iglesia sin abrirle una puerta para el sacerdocio o las nuevas realidades familiares como el acceso a la comunión a los católicos divorciados vueltos a casar que analizará el próximo sínodo extraordinario de octubre en el Vaticano.
El pontífice también sorprendió al mundo al incluir al Vaticano en la tradicional ‘Día de San Valentín’.
Unas 25.000 personas comprometidas para casarse fueron invitadas por Francisco a un evento sin precedentes. Pero en cuanto se conoció la noticia de la reunión, parejas de todas las edades -incluidos muchos adultos mayores que han estado casados por décadas- colmaron la plaza de San Pedro. Allí el Papa les animó a casarse y pidió que ‘vuelen platos’, en alusión a que no hay que tener miedo a los roces y conflictos en el matrimonio.
Otro paso clave fue reforzar a política de ‘tolerancia cero‘ con los clérigos acusados de pederastas.
Francisco aprobó una reforma del código penal que amplía la definición de delitos contra menores e instituyó una comisión para prevenir este tipo de casos en la iglesia.
Hechos, además de gestos, que posicionaron al pontífice argentino como un líder global e hicieron que fuera considerado como la figura del año, además de aparecer en las tapas de Time, The New York o Le Monde.
La posible intervención armada de EEUU en Siria puso al Papa al frente de una cruzada diplomática y religiosa que incluyó una jornada de oración y un ayuno por la paz. Eso le valió una candidatura para el Premio Nobel de la Paz 2014. Fuentes: (Efe, Télam, DyN, Reuters)

