El vicario general del papa para la ciudad del Vaticano y arcipreste de la basílica de San Pietro, Angelo Comastri, que mantuvo una gran amistad con la Madre Teresa, cuenta en su reciente libro ‘He conocido una santa‘ no sólo la vida entregada a los pobres de la religiosa sino también su profunda lucha interior en los
momentos en los que se sintió alejada de Dios.
La madre Teresa lo llamaba ‘la noche de la fe‘ y así se refleja en las cartas y escritos que dejó la monja y que ya salieron a relucir durante la causa de beatificación de quien a los ocho años perdió a su padre y a los 18 puso rumbo a Irlanda para entrar a las Hermanas de Loreto, que la llevaron a su comunidad en Calcuta para comenzar un trabajo misionero que ya nunca más dejaría.
Comastri explicó en una reciente entrevista a la página especializada en información vaticana ‘Vaticaninsider‘ que ante estos ‘silencios de Dios‘, la madre Teresa ‘reaccionó intensificando la oración y multiplicando las obras de caridad. Rezando, luchaba contra la oscuridad; y multiplicando la caridad se encontraba entre los brazos de Dios, que es amor‘. ‘Esta es la respuesta de los santos: la obediencia confiada a la voluntad del Señor‘, agregó.
Para Juan Pablo II, gran admirador de la labor de la Madre Teresa, a quien recibió varias veces en el Vaticano, no había duda de la santidad de la pequeña monja.
