Denostada por quienes la consideraban la puerta para el caos sexual pero considerada una verdadera plataforma liberadora por la mayor parte de las mujeres del mundo, la píldora anticonceptiva, 50 años después, es algo tan inevitable como deseado por quienes aún no tienen acceso a ella como en los países pobres de Africa y Asia. En Argentina sigue siendo el método anticonceptivo más usado. En los últimos 7 años, su consumo aumentó en un 50% y en el 2009 se vendieron 19 millones de cajas.

Más de 215 millones de mujeres la han utilizado durante este medio siglo para planificar sus vidas, pero otros 200 millones la mayoría en el tercer mundo aún no tienen un acceso fácil a ella, según datos de la organización Women Deliver.

La "píldora" vio la luz pública el 9 de mayo de 1960, cuando la Administración de Fármacos y Alimentos de EEUU aprobó la venta de "Enovid", una dosis concentrada de hormonas que evitaba la ovulación de la mujer y así potenciales embarazos.

Las expectativas, desde el principio, fueron tan inmensas como controvertidas. "Había mucha emoción entre doctores y activistas. Creían que iba a ser trascendental, que resolvería la pobreza, equilibraría el crecimiento mundial de la población, permitiría a las familias ser más prósperas y cumplir sus sueños", explicó la historiadora Elaine May Tylor. Pero al mismo tiempo, las consecuencias sociales alimentaron un debate en la prensa de la época que discutía si aquella pastilla podía dar rienda suelta al libertinaje sexual.

El anticonceptivo fue el logro de dos mujeres que impulsaron la investigación de este medicamento, Margaret Sanger y Katharine McCormick, dos feministas que cuando cumplían ya los 70 años se propusieron encontrar la "píldora mágica". "Para ellas, la píldora era una herramienta para la emancipación de la mujer. La liberaría de tener que elegir entre su carrera y su familia", señala la autora. La primera, una enfermera, fue la fundadora de Planned Parenthood, una organización que hoy aun es centro de la polémica en EEUU por ayudar a las jóvenes que lo desean a interrumpir sus embarazos. La segunda, McCormick, era bióloga, la segunda mujer en la historia en graduarse en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y "una señora muy, muy rica", subraya Tylor.

Con la persuasión de las dos mujeres y la financiación de la segunda, el doctor Gregory Pincus pudo avanzar con sus investigaciones para desarrollar la píldora, lo que logró en 1955, si bien no fue aprobada como método anticonceptivo hasta cinco años después. "Millones de mujeres corrieron a sus médicos y farmacias cuando se aprobó en 1960", explica, a pesar de que dos años antes medio millón de mujeres ya la habían pedido en sus consultas bajo la justificación eufemística de "desórdenes menstruales".

Medio siglo después, la píldora es el segundo método anticonceptivo más utilizado en el mundo y el primero en todos los continentes, excepto en África y Asia, según un informe de Naciones Unidas de 2009.

Según Mariana Romero, médica investigadora de CEDES, "la pastilla hizo que la fecundidad bajara notablemente en Latinoamérica". En Argentina el consumo subió un 50% desde 2003. Ese crecimiento va de la mano del Programa Nacional de Salud y Procreación Responsable, por el que se entregan pastillas gratis en el 90% de los centros de salud del país, y las obras sociales y prepagas deben cubrir el 100% de su costo. Sólo en 2009 se vendieron en el país 19 millones de cajitas.

"La consume el 18% de las mujeres en edad fértil (14 a 45 años) -explica Alicia Figueroa, directora del Centro Latinoamericano de Salud Mujer-. Es una estimación de la Confederación Farmacéutica Argentina cruzada con datos del Ministerio de Salud.