Setenta años después de que EEUU lanzó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, las consecuencias de aquella tragedia enlutan hoy a la humanidad. Esta bomba es considerada el arma que provocó más muertos en la historia.
Más allá de las razones que tuvo Washington para lanzar la bomba, el hecho determinó la rendición incondicional del emperador japonés Hirohito. El presidente Harry Truman dijo que trató de evitar que murieran un gran número de estadounidenses, ya que Tokio no tenía intenciones de rendirse a pesar de que sus fuerzas sucumbían ante la superioridad de los aliados.
Truman escribió en sus memorias: ‘yo le pedí al general (George C.) Marshall que me dijera cuál era el costo de vidas para aterrizar sobre Tokio y otros lugares de Japón. Marshall opinó que una invasión costaría un mínimo de un cuarto de millón de bajas estadounidenses‘.
Sin embargo, otros investigadores han señalado que las bombas fueron lanzadas para demostrar la superioridad norteamericana ante la ex Unión Soviética, ya que tal manifestación de fuerza no era necesaria para derrotar al Japón imperial. La Casa Blanca temía que los soviéticos reclamaran su parte del ‘botín‘ ante la derrota japonesa, cuyo ejército tenía armas secretas como los submarinos I-400.
Estas poderosas naves eran capaces de transportar aviones, lo que constituía una novedad para la época.
La primera bomba atómica terminó con cualquier tipo de especulación bélica, ya que en segundos Hiroshima fue arrasada por una ola de fuego que mató a miles de personas. Muchos fallecieron días después de que fueran lanzadas las bombas y algunos continuaron sufriendo durante toda su vida los efectos de la radiación que se han transmitido a generaciones de japoneses. Japón se rindió a los aliados el 15 de agosto de 1945, y el 2 de septiembre firmó la Declaración de Postdam, suscrita también por EEUU, Rusia, China y la ex Unión Soviética. Así, nacía el nuevo Japón, con una Constitución que renunciaba a la guerra.
La primera bomba atómica, llamada ‘Little boy‘, estaba compuesta por unos 60 kilogramos de uranio altamente enriquecido. Fue lanzada desde un bombardeo B-29, apodado ‘Enola Gay‘. Se cree que el artefacto explosivo estalló a unos 580 metros del suelo, creando una onda expansiva que mató en forma inmediata a unas 70.000 personas que totalizaron unas 140.000 al final de ese año, la mayor cifra de muertos causada por una sola arma. El hongo nuclear alcanzó los 16 kilómetros de alto y se extendió a lo largo de cinco kilómetros de la ciudad.

