La guerrilla colombiana de las FARC asesinó ayer a tres policías y un militar durante una fallida operación del Ejército que buscaba rescatarlos, en el golpe más fuerte del grupo rebelde desde la muerte de su máximo líder Alfonso Cano. El Gobierno informó que los efectivos, secuestrados desde hace más de una década, fueron encontrados asesinados “con tiros de gracia” en una zona selvática del departamento sureño de Caquetá, después de combates entre el Ejército y una columna de las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). “Esta es una demostración más de la crueldad de las FARC. Se encontraron cadenas al lado de los asesinados, es decir, los tenían encadenados y cuando se vieron enfrentados a la Fuerza Pública no tuvieron ningún reparo en asesinarlos a mansalva. Es un crimen atroz”, dijo el presidente Juan Manuel Santos, que además ratificó que los únicos responsables de la seguridad y la vida de los rehenes son las FARC. Por su parte el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, dijo que los rehenes “fueron encontrados asesinados con tiros de gracia y precisó que tres tenían disparos en la cabeza y el otro en la espalda”.

