Bernard Madoff ingresó ayer a prisión, tres meses después de que sus hijos lo denunciaran por haber mantenido durante casi 20 años una gigantesca estructura financiera, que se podría convertir en una de las mayores estafas de la historia.
"No soy capaz de expresar cuánto lamento mis delitos, por los que estoy profundamente avergonzado", aseguró ayer Madoff ante el juez, en su primera declaración pública sobre el fraude que él mismo cifró en 50.000 millones de dólares y por el que se enfrenta a una condena de hasta 150 años de prisión.
Se lo acusa de 11 delitos económicos.
A sus 70 años y con cerca de tres millones de víctimas por todo el mundo (entre ellos clientes del Banco Santander y el BBVA), la posibilidad de que pase el resto de su vida en prisión es muy elevada, por lo que el juez Denny Chin temía que tratara de huir si se le dejaba en libertad hasta que fuera sentenciado.
Por ese motivo, Madoff o Bernie, como le llaman los neoyorquinos, perdió su libertad condicional de la que gozaba desde hace tres meses confinado en su lujoso apartamento del centro de Manhattan, un ático valorado en siete millones de dólares, junto con su esposa Ruth, después de haber pagado una fianza de 10 millones de dólares.
Esposado y bajo los aplausos de la audiencia, entre la que estaban un centenar de víctimas de su estafa, este judío neoyorquino, que fue capaz de construirse de la nada una impresionante reputación en el mundo financiero, fue conducido ayer a prisión, donde puede quedar parar el resto de su vida.
El financiero confesó ayer, con la templanza que ha demostrado en casi todos los momentos en los que se le ha podido ver en público desde su detención, que montó su esquema Ponzi a comienzos de los años 90 en respuesta a un momento de recesión en que muchos inversores le pidieron asesoría.
Aseguró que su intención era mantener esa estructura financiera durante un tiempo y luego desmantelarla, pero finalmente ha estado casi veinte años captando más y más fondos para pagar los intereses que se iba comprometiendo a obtener de supuestas inversiones bursátiles que no se llegaron a hacer.
Desde los años noventa y a raíz de que algunos clientes le pidieran asesoría, el presidente de Bernard L. Madoff Investments Securities desarrolló un sistema fraudulento que prometía altas rentabilidades y que pagaba a los primeros inversores con las cantidades que captaba de los últimos en confiar en su gestión.
Con la confesión sobre su gigantesco timo, Madoff ha puesto fin a una carrera que comenzó a sus 22 años, cuando se inició en el mundo de las inversiones al abrir una empresa con los 5.000 dólares que ganó como salvavidas en un trabajo de verano en Long Island, según él mismo relató a la prensa en alguna ocasión.

