Discreto y con un silencio público que sólo rompió para pronunciar un salmo bíblico en la Zona Cero, el presidente de EEUU, Barack Obama, recorrió ayer cada uno de los escenarios del 11-S para rendir homenaje a las víctimas de los atentados: El World Trade Center, el Pentágono y Pennsylvania. Quiso dejar todo el protagonismo a los familiares de las cerca de 3.000 víctimas de aquella jornada aciaga.

En Nueva York, acompañado de su esposa, Michelle, y de su predecesor en el cargo, George W Bush, y la ex primera dama Laura Bush, Obama guardó un solemne minuto de silencio en la Zona Cero.

Vestido de negro, al igual que la primera dama, el presidente leyó solemnemente el Salmo 46 de la Biblia, escogido, según la Casa Blanca, por ser especialmente apropiado para el momento.

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”, dijo Obama.

El presidente ya había utilizado esa cita en la conmemoración de otra tragedia este año, el tiroteo en Tucson que dejó malherida a la congresista Gabrielle Giffords y que mató a otras seis personas, entre ellas la niña Christine Taylor Green, nacida precisamente el 11 de septiembre de 2001.

Obama, que recorrió meditabundo el Memorial donde los grabados de bronce guardan los nombres de los que murieron allí, quedó conmovido con la lectura de los nombres de las víctimas por parte de sus familiares, especialmente en el caso de los niños. Un 48% de los cerca de 3.000 muertos en aquellos atentados dejó hijos menores de 18 años, según las cifras manejadas por los medios estadounidenses.