El presidente del gobierno de Cataluña, Carles Puigdemont, proclamó ayer la independencia de la región española. Pero dijo que sus efectos deben postergarse para permitir un diálogo con el Gobierno de España, que evite una crisis política mayor.

"Asumo el mandato del pueblo de Cataluña para que sea un Estado independiente en forma de república", dijo Puigdemont en un discurso en el Parlamento regional en el que habló en español y catalán, y en el que aseguró que las urnas, el 1 de octubre, fijaron un recorrido que él está "dispuesto a transitar".

A continuación propuso dejar en suspenso la declaración de independencia para que "en las próximas semanas" se emprenda un diálogo y emplazó al Gobierno español a aceptar una mediación.

Puigdemont aseguró que defiende "el mandato del pueblo de Cataluña de ser independiente", pero le pidió al Parlamento que "suspenda la declaración de independencia, para emprender un diálogo para llegar a una solución acordada".

Poco después, los diputados de su alianza Juntos por el Sí y sus socios del partido anticapitalista Candidatura de Unidad Popular (CUP), lo que representa la mayoría absoluta del Parlamento catalán, firmaron un documento en el que se comprometieron a suspender la declaración de independencia, como pidió Puigdemont en su discurso. Sin embargo, la iniciativa no fue votada formalmente.

La CUP decidió apoyar al presidente catalán, pero no escondió su malestar. "Creemos que hoy tocaba proclamar solemnemente la república catalana y quizás hemos perdido una oportunidad", aseguró la diputada y jefa de la bancada Anna Gabriel al intervenir en la sesión plenaria del parlamento regional, poco después de Puigdemont y su propuesta ambigua que osciló entre defender el mandato del referéndum para declarar la independencia y pedirle al poder legislativo regional que no lo haga ahora.

"Con los resultados del (referéndum secesionista del) 1 de octubre, Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado independiente", comenzó a argumentar Puigdemont ante el Parlamento regional.

Puigdemont pidió al parlamento regional que no avance en la declaración de independencia, como había prometido hasta hace sólo unos días, tras anunciar que el referéndum, pese a la represión y la baja participación, había terminado con un 90% de votos por el "Sí". El presidente español, Mariano Rajoy, dijo que no hablará con los líderes catalanes hasta que no abandonen sus planes de independencia.

La expectación se convirtió en confusión y decepción entre los ciudadanos independentistas que se concentraron en el Paseo Lluís Companys de Barcelona (capital catalana) a lo largo de la tarde para seguir en directo la comparecencia en el Parlamento del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

"Decepción". "Rabia". "Indignación". Esas son algunas de las palabras que se escucharon al final de la noche. Tras horas de espera y entre gran expectación, la gente empezó a abandonar la zona en masa tras la intervención de la máxima autoridad de Cataluña. Los aplausos que habían acompañado buena parte del discursos del presidente se convirtieron, a continuación, en riadas de personas que se marchaban por las calles adyacentes camino de sus casas, según medios locales. Agencias

Empresas
 

La crisis institucional en la cuarta economía más grande de la zona euro, que ha provocado una fractura en la sociedad catalana y española, se disparó tras el referéndum del 1 de octubre, agitando los mercados y provocando un verdadero éxodo de sedes de empresas de la región a otros puntos del territorio español.

 

Relación "insostenible

 

 

El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, apuntó que la relación con España es "insostenible" después de años de agravios. Entre ellos mencionó lo que consideró "menosprecio" a la lengua y la cultura catalanas, como también la falta de inversiones.