Tras el sismo que ya ha causado 272 muertos en el centro de Italia, el pequeño pueblo de Onna quedó reducido a montañas de escombros, casas reventadas como si hubiese ocurrido un bombardeo y un 13 por ciento de su población fallecida.

El municipio de Onna está a una decena de kilómetros de L’Aquila, el mayor centro urbano cercano al epicentro del sismo. De la noche a la mañana, Onna se convirtió en la imagen más emblemática de esta tragedia.

Antes del sismo ocurrido en la madrugada del lunes pasado, el pueblo era un lugar tranquilo entre montañas todavía nevadas cerca de la capital provincial, L’Aquila. Pasar por Onna, donde murió una argentina tras el terremoto, ahora es encontrarse con un campo en ruinas, donde las calles desaparecieron y están repletas de escombros de ladrillos y cemento.

En sólo unos pocos minutos este pueblo de granjeros y artesanos se transformó en un desolador espectáculo de caballos y gallinas vagando sin rumbo entre medio de piedras y acero.

En la pequeña comunidad, que no cuenta con restorán ni café, los residentes vivían una vida tranquila hasta la tragedia: la peor desde que en 1944 Onna fue escenario de una masacre nazi que acabó con la vida de 16 residentes.

"Esta es un pequeño pueblo en el que prácticamente todos somos parientes", contó Virgilio Colajani, de 70 años, quien ha vivido ahí durante toda su vida. "Sólo tomó cinco minutos reducir todo a esto", agregó una persona de 79 años.

El sismo que remeció el lunes al centro de Italia mató a 40 de los 300 residentes del pueblo, equivalente a un 13 por ciento de la población, transformándola en una de las localidades más afectadas por la situación.

Los bomberos dijeron que un 90 por ciento de las casas -o de lo que quedó de ellas- tendrán que ser demolidas. "Lo más impresionante del sismo no fue ni siquiera su impacto, sino simplemente el sonido de todo el pueblo despedazándose alrededor de nosotros", explicó Paolo Ferroni, de 60 años, quien logró escapar con su mujer, quedando sin hogar.

Su hijo que vive cerca escapó atando sábanas y bajando por ellas a través de la ventana de su departamento, agregó. "¿Ves esta casa aquí junto a la mía? Una mujer murió ahí.

Allá, dos casas se derrumbaron, otra persona murió. Y ahí junto a eso, tres personas murieron. Y allá, ¿ve ese montón en el campo? 50 ovejas murieron ahí", precisó apuntando a un grupo de casas en ruinas y a un terreno de tierra en frente.

Los pocos residentes que aún permanecían en la ciudad abandonada tenían una historia de terror para contar y podían enumerar a sus familiares fallecidos.

"Estábamos durmiendo y de pronto escuchamos un fuerte bramido", comentó Virgilio Colajani, de 70 años. "Corrí afuera y allí había una mujer de aproximadamente 90 años parada en un balcón gritando ‘ayuda, ayuda’, mientras que quien intentaba ayudarla pedía una escalera", relató.

"Otro hombre estaba de rodillas en medio de la oscuridad, revisando un pequeño libro con una luz, buscando el número de teléfono de su hijo. Su mujer murió", agregó.

El jefe de una de las unidades de bomberos del lugar, Giovanni Riccobene, comentó que sus hombres se emocionaron al sacar los cadáveres en pijamas de dos hermanos de tres y cinco años junto a su padre muerto. Su madre sobrevivió y debió ser sedada, agregó. "Ver a esos dos pequeños niños fue tan doloroso, que no puede medirse", dijo Riccobene.