Saif al Islam Gadafi, uno de los hijos de Muamar el Gadafi y heredero político del régimen que gobernó Libia durante más de cuatro décadas, fue asesinado este martes 3 de febrero de 2026 durante un ataque armado en su vivienda de la ciudad de Zintan, al oeste del país. Tenía 53 años.

La muerte fue confirmada por fuentes de seguridad libias y por su abogado defensor, aunque hasta el momento no se difundieron detalles oficiales sobre los autores ni el móvil del crimen. Medios locales señalaron que se trató de un ataque comando perpetrado por hombres armados, en un contexto marcado por la persistente inestabilidad política y el poder de las milicias en la región.

Zintan no fue un lugar elegido al azar en la vida de Saif al Islam. Allí permaneció cautivo durante casi seis años, tras ser capturado en 2011 cuando intentaba huir del país luego del derrocamiento y asesinato de su padre. En 2017 fue liberado bajo una amnistía otorgada por una de las autoridades rivales de Libia, aunque desde entonces vivía bajo estricto control de grupos armados locales.

El dirigente había sido condenado a muerte en ausencia en 2015 por un tribunal libio, acusado de incitar a la violencia durante las protestas que desembocaron en la guerra civil. Además, la Corte Penal Internacional lo reclamaba por presuntos crímenes de lesa humanidad, cargos que nunca llegó a enfrentar en juicio.

Formado en el exterior y con un doctorado en Filosofía, Saif al Islam fue durante años presentado como el rostro “moderado” del régimen gadafista y el principal interlocutor con Occidente. Tras su liberación, intentó reinsertarse en la escena política y en 2021 anunció su candidatura presidencial, iniciativa que generó un fuerte rechazo y finalmente quedó truncada en medio del fracaso del proceso electoral libio.

Su asesinato ocurre en un país que continúa fragmentado, con gobiernos paralelos, milicias armadas y un sistema institucional debilitado desde la caída del régimen en 2011. Con su muerte, se cierra el capítulo del último miembro del clan Gadafi que aspiraba a regresar al poder por la vía política, en una Libia donde la violencia sigue marcando el pulso del presente.