En Paraguay, el Mercosur y la Unión Europea firman un acuerdo comercial histórico después de 26 años de negociaciones.
Durante la ceremonia oficial, el presidente Javier Milei dijo que el tratado comercial “ratifica un rumbo de apertura”. Pidió por la liberación del gendarme Nahuel Gallo y defendió el proyecto de reforma laboral.

Durante su discurso, Milei sostuvo que los 25 años de negociaciones “obligan a estar a la altura del momento” y apeló a la experiencia argentina para advertir sobre los costos del proteccionismo. “El encierro y la retórica sin resultados son los máximos responsables del estancamiento económico y del crecimiento de la pobreza”, afirmó, al tiempo que remarcó que su gobierno fue elegido para impulsar “el modelo opuesto, el de la libertad”. En ese sentido, instó a los países del bloque a ir más allá y a adaptar los mecanismos de negociación “a la velocidad de la economía global”, al considerar que se trata de una necesidad y no de una opción.

El Presidente también vinculó la integración regional con la defensa de las instituciones y los derechos humanos. Advirtió que allí donde se desconoce la voluntad popular y se erosionan las reglas democráticas, el resultado es siempre el mismo: aislamiento, empobrecimiento y pérdida de libertades. Como ejemplo, mencionó la situación de Venezuela, a la que definió como una “muestra clara y dolorosa”, y valoró las acciones del gobierno de los Estados Unidos que derivaron en la captura de Nicolás Maduro, a quien calificó como “dictador narcoterrorista”.

En otro tramo de su intervención, Milei reclamó la liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo y defendió el proyecto de reforma laboral que impulsa su administración, al encuadrarlo dentro de una agenda más amplia orientada a generar previsibilidad jurídica, estabilidad macroeconómica y condiciones favorables para la inversión. “Avanzar en acuerdos que promuevan el libre comercio es indispensable para la prosperidad”, subrayó.

Finalmente, el jefe de Estado argentino aclaró que la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no debe entenderse como una meta cumplida, sino como el inicio de un proceso más ambicioso. “No es un punto de llegada, es un punto de partida”, concluyó, al proyectar una estrategia de inserción internacional con múltiples actores y basada, según dijo, en la libertad económica como eje central.