El descarrilamiento del tren de Iryo a la altura Adamuz (Córdoba) el domingo por la tarde ha dejado al menos 39 víctimas mortales, según el último balance, y los heridos suman 100.
Alrededor de las 19.40 de este domingo, los vagones 6, 7 y 8 de un tren Iryo Málaga–Madrid, en el que viajaban 317 pasajeros, se salieron de la vía a la altura de la localidad de Adamuz. El último de esos coches volcó y, en medio de la secuencia, se produjo una situación aún más grave: en sentido contrario circulaba otro convoy, que cubría el trayecto Madrid–Huelva.
Según las primeras reconstrucciones, ambos trenes chocaron a una velocidad superior a los 200 km/h. La peor parte se la llevaron las dos primeras unidades del Alvia, donde viajaban 53 personas. Tras el impacto, esos vagones salieron despedidos y cayeron por un talud de unos cuatro metros.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el accidente como “tremendamente extraño”. Según explicó, el tren Iryo tenía apenas cuatro años de antigüedad, un dato que fue confirmado por la propia compañía. Además, la vía había sido renovada en mayo de 2025, tras una inversión de 700 millones de euros, y el convoy había pasado una revisión técnica el pasado 15 de enero, es decir, cuatro días antes del siniestro. Otro elemento que desconcierta a los investigadores es que los vagones de cola descarrilaron en un tramo recto, un factor que vuelve el episodio todavía más difícil de explicar.

