Son momentos de gloria. Instantes que quedarán para siempre en la memoria individual y colectiva de jugadores, clubes e hinchas. Momentos mágicos que duran apenas una ráfaga y que para Sportivo Peñarol se dio en apenas 50 segundos. Esos primeros 50 segundos del complemento del trascendental choque que empataba con Atlético Alianza y que lo estaba dejando afuera del Federal B. Esos primeros 50 segundo de ese complemento emotivo, intenso, electrizante en los que Franco Caballero, como goleador de raza que es, estuvo donde debía estar parar dejar sin chances a Jairo Díaz, marcando el gol del triunfo, el de la angustiosa clasificación bohemia. 50 segundos de gloria.
Sabiendo que era responsabilidad absolutamente suya clasificar o no, Peñarol fue el que de entrada propuso más. Con viento a favor y empujado por sus urgencias, metió presión y Franco Caballero probó de entrada pero su remate se fue desviado. Era más Peñarol en ese comienzo porque Avila, Ceballos y Campo manejaban los tiempos y el Pipi Salinas estaba inspirado. A los 7’ llegó la primera polémica grande del partido cuando Rodrigo Jofré tiró la diagonal de izquierda a derecha y cuando pisó el área fue tocado por Rubén Ceballos en su intento de marcarlo. Para el árbitro Montaña no fue nada, para el resto sí. No podía salir Alianza. No se acomodaban sus volantes y se sostenía con el trabajo de la línea de fondo más la sensacional tapada de Jairo Díaz al Patito Avila que después de un milimétrico pase de Emma Campo quedó solo ante el arquero de Alianza pero la reacción del 1 fue sensacional. La única cercana en ofensiva que tuvo Alianza fue una apilada de Renzo Ahumada que terminó en un centro cruzado que nadie conectó. Demasiado poco como para sostener esa ilusión de clasificación.
Llegó el entretiempo y en el regreso al juego, fue otro el partido. Es que en esos primeros 50 segundos de gloria para Peñarol se destrabó todo y se abrió el juego a matar o morir. Se sabía ya que Desamparados perdía en Palmira, en Mendoza, y Peñarol se fue a buscarlo. Jofré ganó por la izquierda, lo cerró Carlos Rojas y llegó el córner. Lo tiraron al primer palo, la peinaron y en el segundo apareció el goleador Caballero para fusilar a Jairo Díaz que hizo lo que pudo y nada más. Era el 1-0 que tanto ansiaba Peñarol y el escenario tan temido por Alianza que ahí recién cambió el libreto. Se adelantó, buscó el empate sabiendo que le podía alcanzar y a los 12’ tuvo la más clarita cuando Renzo Ahumada apareció solito en el segundo palo en un tiro libre y cabeceó afuera de manera increíble.
Peñarol, llevado por el rival y sabiendo que debía cuidar lo que tenía, se fue arrinconando contra su arquero Carlos Biasotti. Entonces empezó a sufrir porque Alianza lo atacaba sin demasiados argumentos pero con mucha gente y esa contra que podía liquidar todo, nunca se daba. Biasotti le tapó con trabajo un remate a Alaniz cuando iban 42’. Ya no quedaba nada. Era el corazón de Peñarol poniendo todo y disfrutando como nunca de esos 50 segundos de gloria.
