Hace dos años, un sismo de 7,2 grados en la escala Richter asolaba Puerto Príncipe, capital de Haití, y sus alrededores, dejando más de 220.000 muertos, 300.000 heridos y 1,5 millones de personas sin hogar. En la actualidad 520.000 haitianos siguen sin hogar, y tiene que ver con que de los 4600 millones de dólares comprometidos por los donantes, sólo se ha entregado un 43% lo que ralentiza aún más la reconstrucción del país.
Esta es una de las principales conclusiones del informe "Haití: el lento camino hacia la reconstrucción. Dos años después del terremoto”, que analiza 24 meses de tareas. Dicho documento señala que de estas personas, más de un tercio siguen hoy refugiándose bajo lonas o durmiendo en tiendas de campaña. De hecho, en 2010 eran aproximadamente 1.550.000 ciudadanos en 1.555 campamentos temporales de la ciudad, frente a algo menos de 600.000 que vivían aún en 894 asentamientos de este tipo en julio de 2011. En la actualidad se cuentan 520.000 desplazados internos en 758 campamentos. Esta cifra representa una reducción, pero no significa que las personas tengan mejores condiciones de vida. Para muchas de ellas, la carencia generalizada de servicios básicos, entre ellos sistemas de agua potable y letrinas que funcionen correctamente, representa un gran peligro para su salud, con la amenaza constante de enfermedades transmitidas por el agua.
Si bien se ha producido el desalojo de más de 5 millones de metros cúbicos de escombros, la mitad de los generados por el terremoto, o la construcción y rehabilitación de más de 430 kilómetros de rutas, la mayoría de los haitianos sigue sin agua corriente, saneamiento ni acceso a un médico, con la amenaza latente del cólera, que se ha cobrado miles de vidas desde el sismo. Además, una cifra superior al 70% de la mano de obra está desempleada o subempleada. Los suburbios de Puerto Príncipe fueron catalogados ya antes del terremoto, como el lugar más peligroso de América, especialmente Cité Soleil, la villa miseria más grande del continente, en la que 500.000 personas viven en una verdadera cloaca a cielo abierto.
La Comisión Interina para la Reconstrucción tiene una difícil tarea: asegurarse de que el proceso se realice eficazmente y que el medio millón de personas que aún permanecen sin hogar dos años después sea realojado.
El sismo de Haití es un llamado a la comunidad internacional para que se adopten normas e infraestructuras que minimicen los riesgos en todos los países. Nadie está exento de una devastación de esta magnitud, ni una reconstrucción es fácil ni aún con enormes recursos, como Japón.
