A pesar que de las relucientes instalaciones de un estadio que se desarmará apenas terminado el mundial, de tecnologías que no son comunes en suelo sanjuanino, al estreno del mundial le faltó un ingrediente esencial para decir que la fiesta fue completa: gente en las tribunas.
Un poco más de 1.500 personas estuvieron presentes en las desmontables tribunas del predio IFEVI, con capacidad para 4.200 personas cómodamente sentadas.
Antes de comenzar la fiesta de apertura del 39no. mundial todo tenía olor a nuevo. Los tableros electrónicos de publicidad, las gigantes pantallas planas con las informaciones de los partidos y los bastones plásticos que se repartieron en el público para reemplazar a los aplausos. Hasta el parquet tenía un brillo especial al reflejar la excelente iluminación del predio.
La fiesta tuvo la virtud de ser corta, por lo que no se tornó aburrida. Y hasta dio verdaderas sorpresas inesperadas. Comenzó con un show acrobático en las alturas, en el que 3 mujeres y un varón "colgados" de cuatro aros, fueron ejecutando distintas figuras. Luego llegó la presentación de la mascota, "Oli", un azul caballito de mar que a los argentinos les puede evocar tanto a "Larguirucho" como al "Oso Arturo". Oli estaba acompañado por chicas vestidas con tutú para realizar una coreografía sobre patines. Pero lo que llamaba realmente la atención es que dos patinadores eran muchachos, sí, vestidos con el mismo tutú.
Llegaba el momento del desfile de las 16 delegaciones, y la argentina ya estaba presente aunque la fiesta inaugural había empezado sin ella (ver aparte). Los chicos de Aberastain, que participarán en el torneo paralelo infantil, recibieron el ingreso argentino a la pista agitando una gran bandera celeste y blanca, a lo que los 10 hockistas respondieron con un fuerte aplauso. Los brasileños dieron la nota, cuando Jackson Nascimento y Rafael ingresaron solemnemente pero con ridículos cortes de pelo, el "bautismo" que reciben los hockistas debutantes. Al verlos, los argentinos empezaron a hacerse pequeños chistes y a "amenazar" a Lucas Ordoñez que podría recibir lo mismo.
El final fue para los discursos y sobresalieron el de autoridades políticas españolas, ya que contaban su ambición de que sea en Vigo el mejor mundial de la historia. Las relucientes butacas que quedaron plegadas sin haber sido estrenadas parecieron contradecirles que sin estadios llenos, esas pretensiones se hacen más complicadas.
