A la salida de una curva, nítidas, las marcas de neumáticos en derrape sobre la banquina. Y unos 25 metros después, lo impresionante: un Fiat Duna retorcido, abrazado en el costado del conductor a un poste metálico del alumbrado público que cedió y alcanzó a doblarse tras el tremendo impacto. Anoche, la simple escena de ese cuadro parecía sugerir el peor de los resultados. Pero no: dentro del vehículo y aún consciente, el chofer alcanzó a decir que su nombre es Alfredo antes de que los bomberos de Rawson quiten butacas y lo saquen por el lado opuesto, milagrosamente vivo.
Luego, en la policía se supo que el hombre es Alfredo Díaz, 36 años, empleado en una fábrica de polietileno, domiciliado con su familia en calle Tascheret, entre 7 y 8, Pocito, y ayer de duelo por la pérdida de una sobrina. Díaz sólo había sufrido fracturas en ambas piernas, pero lo del milagro para los bomberos al mando del oficial Daniel Domínguez parecía explicarse por un dato: la butaca del asiento del conductor, estirada hacia atrás, clara muestra de que cedió, quizá por la brusca maniobra del chofer para evitar lo peor.
Todo pasó alrededor de las 19 sobre la ruta nacional 40, unos 500 metros al Norte del cruce con el puente de calle Progreso, Rawson. Anoche, los policías de la seccional 6ta. investigaban si Díaz (que viajaba hacia el Norte) se fue hacia su izquierda y pasó de largo al no poder sobrepasar a otro vehículo.
En Santa Lucía
Más temprano, a las 12.30, el siempre peligroso cruce de Gorriti y ruta 20 había dejado cuatro heridos tras el choque entre un Fiat Duna con cinco ocupantes que iba a Caucete y una Chevrolet Luv. Según la policía, quien sufrió las peores consecuencias del choque fue Héctor Cortez (51), con serios golpes en el pecho.
