Un técnico contable de 56 años admitió ayer que abusó sexualmente de una chica alemana que, entre agosto y octubre de 2009, alojó en su casa de Rivadavia por un intercambio estudiantil. Y ante el juez Arturo Velert Frau (Sala I de la Cámara Penal) ratificó que acepta su responsabilidad penal por ese delito (considerado grave por el tipo de ultraje y porque estaba a su cuidado), y que está dispuesto a cumplir una condena de 8 años de prisión, el mínimo de la escala penal prevista para la maniobra investigada, dijeron fuentes judiciales.

La propuesta de juicio abreviado ante el magistrado la rubricó el acusado, Raúl Ernesto Pizarro, su defensor Manuel Gimenez Puchol y la fiscal Leticia Ferrón de Rago. Y no es definitiva: ahora el juez evaluará si la acepta o no. Si se le da curso, incluso puede revisar la calificación del hecho y hasta aplicar una pena menor pero nunca una mayor a la propuesta por las partes.

La víctima tenía 16 años cuando arribó a la casa de Pizarro el 16 de agosto de 2009 por un intercambio estudiantil. Desde ese día su mayor relación se concretó con la hija de Pizarro, pero los problemas comenzaron cuando esa joven debió ausentarse de su casa para participar en un torneo deportivo en octubre.

Según las fuentes, el 21 de octubre la chica acompañó al sospechoso a dejar a su esposa al trabajo y al volver ingresó a su dormitorio y allí atravesó su primera situación complicada: el hombre se acostó a su lado, la acarició, la abrazó y le dijo que le gustaba mucho. Lo peor sucedería al día siguiente, cuando volvieron a quedar solos y el sospechoso la destapó primero para ofrecerle el desayuno y luego para comenzar a masajearla, desnudarla, besarla y tocarla hasta introducir sus dedos en sus zonas íntimas.

Ese día la joven lo echó del dormitorio y no pudo avisarle a su mamá por internet porque el sospechoso se lo impidió. La versión judicial es que entonces sufrió amenazas que le impidieron contarle el hecho a un amigo sanjuanino. Todo se descubrió el 26 de octubre cuando volvió la hija de Pizarro: a ella le contó todo y esa joven enfrentó a su papá por la terrible situación.

Pizarro intentó escapar a Buenos Aires el día siguiente, pero la Policía lo detuvo en Caucete. Las pruebas luego le jugarían en contra, porque los peritos descubrieron que la chica no fabulaba y presentaba signos de haber sufrido un ataque sexual.