Con dos palabras se puede calificar la actitud de los jóvenes sanjuaninos de cara a las próximas elecciones: desconocimiento y desinterés. Un reciente sondeo de DIARIO DE CUYO con alumnos de la Escuela Industrial y del Colegio Nacional Monseñor Pablo Cabrera reveló esa realidad.
En San Juan 13.517 adolescentes se acercarán por primera vez a las urnas para votar a los representantes nacionales en el Congreso de la Nación el próximo 28 de junio. Con las frases "no se" y "ni idea" respondieron respecto a la identidad de los candidatos y los cargos que se eligen. La realidad observada en nuestra provincia no es distinta a la de otros lugares del país. En una encuesta realizada por la Fundación SES en los últimos meses, cerca del 43% de los jóvenes argentinos cree, en términos generales, que la política es el espacio más importante de transformación del país.
Sin embargo, cuando se les preguntó sobre qué es lo que más influye en la transformación de sus propias vidas, el esfuerzo personal y la familia ocupan los primeros lugares, y sólo un 7% visualiza la política como un elemento que puede mejorar sus oportunidades. Sobre sus deseos de participar en grupos u ONG, y los espacios que privilegiarían, un 30% de los jóvenes habla de participación en ONG, grupos medioambientales o que trabajan con minorías, mientras que sólo un 11% menciona que querría integrarse a un partido político, opción que finaliza ocupando el último lugar de la lista.
Ante estas respuestas, es fácil advertir que nos encontramos ante juventudes que, mayoritariamente, se acercarán a las urnas con una actitud escéptica y formal. En especial los jóvenes de los sectores populares, las áreas suburbanas y periféricas lo harán con poca información sobre propuestas y candidatos, y con nula referencia a las políticas de juventud de los candidatos. La ciudadanía es una construcción social y una práctica que debe ser aprendida y enseñada a través de los distintos ámbitos.
En la escuela, institución fundamental para la integración social, las propuestas curriculares para la educación obligatoria plantean la necesidad de formar ciudadanos responsables y críticos, que trabajen para que la democracia real se aproxime a la ideal. Los adultos viven también, en general, una apatía que se refleja en el escepticismo y en la falta de convicciones cívicas. Es impensable que los jóvenes se comprometan con la política si los adultos la observan con incredulidad y desinterés.
Como sociedad habrá que motivarlos para demostrarles que el voto es una grave responsabilidad cívica.
