Desde sus orígenes los promotores del Mercado Común del Sur (Mercosur), el fallecido ex presidente argentino, Raúl Alfonsín, y el mandatario electo de Brasil, Tancredo Neves, tuvieron una motivación política muy clara para avanzar en este proyecto a principios de 1985: lograr que los dos países más grandes de América del Sur trabajaran juntos para crear un amplio espacio de democracia y de modernización económica, que se plasmó en al "Declaración de Iguazú", suscrita por Alfonsín y su par de Brasil, José Sarney- el 30 de noviembre de 1985.
Finalmente, y después de varios pasos previos contenidos en distintos acuerdos y protocolos, el 6 de julio de 1989 con la firma del "Acta de Buenos Aires", se decidió establecer un mercado común entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil. Era el punta pie para la creación de Mercosur.
El proyecto avanzó rápidamente y el valor del comercio bilateral tradicionalmente poco significativo, aumentó entre 1985 y 1990 en casi un 50%. A este aspecto cuantitativo del intercambio de productos primarios, se agregó el de los productos industrializados. Ante este panorama favorable, en enero de 1991, Argentina y Brasil redujeron sus aranceles. Además, sus respectivas ventajas comparativas y las posibilidades de complementariedad de ambas economías fueron factores que contribuyeron decisivamente a la evolución positiva del comercio.
La dinámica del proceso iniciado en 1990 con la firma del Acta de Buenos Aires entre Argentina y Brasil se extendió, tan sólo un año después a Uruguay y Paraguay. En 1991 se iniciaron las negociaciones cuatripartitas que culminaron con la conformación del Mercado Común del Sur. El 26 de marzo, los presidentes Carlos Menem (Argentina), Fernando Collor de Melo (Brasil), Andrés Rodríguez (Paraguay) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay) firmaron en la ciudad de Asunción del Paraguay se firmó el "Tratado para la Constitución de un Mercado Común"que fue aprobado sin oposición por los respectivos Parlamentos, entrando en vigor el 29 de noviembre de ese mismo año, es decir solamente ocho meses después de su firma.
El hecho de que los Congresos de los países miembros hayan aprobado el Tratado sin objeciones y en un tiempo relativamente breve, demuestra el alto grado de consenso político con que ha contado este proceso desde su nacimiento.
El Objetivo:
El objetivo primordial del Tratado es la integración de los Estados Partes, a través de los siguientes mecanismos:
La libre circulación de bienes, servicios y factores productivos a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente; el esclarecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común en relación a terceros Estados o agrupaciones de Estados y la coordinación de posiciones en foros económicos, comerciales regionales e internacionales; la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados Parte: de comercio exterior, agrícola, industrial, fiscal, monetaria, cambiaria y de capitales, de servicios, aduanera, -de transportes y comunicaciones y otras que se acuerden, a fin de asegurar condiciones adecuadas de competencia entre los Estados Parte; el compromiso de los Estados Parte de armonizar sus legislaciones en las áreas pertinentes para lograr el fortalecimiento del proceso de integración.
El fin último del proceso de integración económica convenida en el Tratado, es "promover el desarrollo con justicia social", mediante el intercambio comercial.
