Personalmente no me asiste ninguna duda que si algo nos debemos como deuda histórica, es la incapacidad de no poder haber parido en los últimos 30 años como sociedad, la cantidad necesaria de líderes y estadistas que hayan hecho de su compromiso político un apostolado de servicio público; de sus principios y convicciones una lucha invariable, generosa y permanente; de la ética y los valores morales una norma de conducta y una filosofía de vida y de la lucha partidaria, una herramienta contributiva para afianzar la vida democrática, pero por sobre todas las cosas, el interés del bien general y los intereses de la patria.

Manifiesto esto, porque observo con congoja y preocupación la partida del último baluarte de nuestra tan pisoteada vida democrática. Uno de los pocos prohombres que entendió a lo largo de toda su trayectoria política, que la razón de ser de la política la constituía la decencia y transparencia; el debate de los pensamientos y de las ideas; la fortaleza de la vida democrática y el desarrollo social y socio-económico de nuestro pueblo. Estos valores, ni desde la arena política ni desde el ejercicio de gobiernos democráticos, han contribuido a resolver las inexplicables mezquindades políticas y oportunistas, como tampoco a entender como debe hacerse, que los únicos intereses que importan no son precisamente los intereses corporativos y personales, sino los que contribuyen a edificar la grandeza de la Patria.

Por esta razón el Dr. Raúl Alfonsín deja como único patrimonio económico, el legado de sus ideas y de sus convicciones y deja esa expresión que lo llevó a afirmar que con la democracia se educa, se vive, se dignifica la política, que debe servirnos como guía y como ejemplo.

Al Dr. Alfonsín lo conocí en 1975, en San Carlos de Bariloche, donde formé parte de la primera camada de estudiantes de la sede de la Universidad Nacional del Comahue. Fue en una convocatoria que realizó en un hotel céntrico, donde expuso y bosquejó los lineamientos políticos de la Corriente Renovación y Cambio, que dentro del radicalismo de la época lideraba. Asistí como un joven militante peronista, imbuido de la Doctrina Nacional Justicialista a la cual toda mi vida he adherido y jamás he denigrado e infamado. He querido hacer referencia a esta situación, porque deseo comentar que una vez terminada su exposición, tuve la oportunidad de acompañarlo hacia el hotel donde se encontraba alojado. Éramos un grupito de tan solo 4 personas, él y su asistente, un compañero y yo, es decir, pese a que ya comenzaba a posicionarse como un reconocido dirigente nacional, no se hacía acompañar por laderos ni obsecuentes.

Me alegra como lo afirman sus allegados, que se haya marchado tranquilo y en paz. Una paz que surge claramente, desde los ingentes esfuerzos que realizó hasta el último momento de su vida, para pedir por la concordia, la unidad, el reencuentro con esos valores democráticos que se nos hacen tan esquivos, pero mas que nada, por ese dialogo fecundo que nos reclama y demanda a diario la sociedad. Se aleja, cargando en sus espaldas los aciertos y los errores que son propios a nuestra realidad política, pero que bajo ninguna circunstancia desvirtúan, su condición de un ser humano, un ciudadano y un político incorruptible, honesto y transparente.

En las horas más aciagas de su final, seguramente reflexionó respecto de los 13 paros nacionales que le provocó una dirigencia sindical que por sobre el interés de sus representados, siempre se ha mostrado laxa y dúctil a los intereses económicos y corporativos que ofrece muy fugazmente, el contubernio del poder político sindical. Seguramente habrá reflexionado sobre la forma en que tras bambalinas, los reconocidos poderes económicos azuzados por quienes invocando un pensamiento nacional, ya se ponían el traje de pichones de la economía social de mercado para alistarse a consumar el arribo de la década del ’90 que no solo, se encargo de destruir toda la matriz productiva de nuestra industria nacional, sino que dio lugar al mas escandaloso perjurio de que haya sido objeto alguna vez, un pensamiento y una doctrina nacional. Seguramente debe haber recordado también, los embates de quienes amparados en su condición de soldados de la Patria, no titubearon en poner en vilos a nuestro sistema de convivencia democrática y que formando parte en la actualidad de un dudoso y dubitativo progresismo político, intentan darse un maquillaje que no les permitirá jamás, encubrir sus carapintadas.

Dr. Raúl Alfonsín como interpreto que usted supo descifrar mejor que nadie lo que en su momento manifestó Jacques Rousseau "El más fuerte no es nunca lo bastante fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber", desde mi muy modesta trinchera de ciudadano y profesional justicialista, quiero agradecer todo el legado que nos deja como hombre y político de bien.