Hollywood y el cine internacional en general, no será el mismo sin él. Anoche cerca de las 20.00 (hora local) las agencias de noticias y la prensa mundial daban un triste anuncio. El actor y comediante estadounidense Robin Williams, de 63 años, fue encontrado muerto en su casa de la localidad de Tiburón, California. La información sobre su deceso fue generada por las autoridades del condado de Marin de dicha ciudad norteamericana. Según el comunicado de la oficina del alguacil de Marin, la policía investiga de un posible suicidio. ‘He perdido a mi esposo y a mi mejor amigo, mientras que el mundo perdió a uno de sus más queridos artistas y a un ser humano maravilloso. Tengo el corazón destrozado’, dijo conmovida la mujer de Williams, Susan Schneider en un comunicado oficial.

En diálogo con The Hollywood Reporter, la publicista de Williams, Mara Buxbaum, precisó que el actor ‘Llevaba tiempo luchando contra una severa depresión. Es una tragedia y una terrible pérdida’, sostuvo. El artista había internado el mes pasado en un centro de rehabilitación para recuperarse de su adicción al alcohol y a las drogas.

Williams fue un actor prolífico que hizo reír y llorar a varias generaciones con sus interpretaciones en más de 40 films y series de televisión. Nació en Chicago, en el estado de Illinois, como hijo único de un ejecutivo de la industria del automóvil. Creció en un ambiente económicamente holgado y en el colegio despertó su interés por el teatro. Buscando en San Francisco su oportunidad para actuar en comedias teatrales, ganó una audición en 1976 y fue contratado. A partir de ese momento, su carrera actoral comenzaría y despegaría con la famosa y exitosa serie de TV, Mork & Mindy. Su debut en el cine lo tuvo con Popeye, de Robert Altman.

Pero la consagración la obtuvo con Buenos días Vietnam, que sacó partido a su rapidez verbal, a su ingenio y su capacidad para combinar con una gran sonrisa una mirada triste. Disney lo contrató para ser la voz del genio de Aladdin. Steven Spielberg le dio el papel para un Peter Pan adulto en Hook. Fue la Señora Doubfire, el superviviente de los peligros de Jumanji, el terapeuta de la Risa en Patch Adams, hasta un entrañable cazador en Una noche en el museo. El Óscar llegó finalmente a la cuarta nominación en 1997, en Good Will Hunting y por primera vez, se quedó casi sin palabras recibiendo el premio ante la ovación de todos sus colegas.

En 2006 tuvo que internarse en un centro de rehabilitación tras reconocer su alcoholismo y en 2009 sufrió problemas cardíacos. Pero nada parecía indicar que Williams, que seguía más en el corazón del espectador que en la mente de los productores, se iría de esta manera. Estaba preparándose para la secuela de Papá por siempre y grabando la tercera parte Una noche en el museo.

Christopher Reeve (Superman) contó que la primera persona que lo hizo reír tras quedar parapléjico, había sido justamente Robin Williams. Habían sido compañeros de estudios de interpretación en la Julliard School y amigos durante toda la vida. Cuando estaba todavía ingresado en el hospital, Williams se hizo pasar por un doctor ruso que quería practicarle una colonoscopia. Ese era el terreno del actor: la risa para ocultar el llanto. El público sobre todo lo extrañará con una sonrisa.

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