El maltrato a los niños, es todo aquel daño no accidental que se le produce en el cuerpo o salud de un infante. Puede provenir tanto de mayores, como de compañeros de actividades, produciendo el mismo efecto.

Las víctimas de este tipo de violencia pertenecen a todas las culturas y grupos sociales, no se vincula con la pobreza o marginalidad, y comparten sentimientos de impotencia, culpa temor y vergüenza.

El ámbito familiar, paradójicamente, donde los niños deben estar seguros, es uno de los lugares donde corren más peligro dado que es allí donde se ponen de manifiesto actos de abuso físico, psicológico, sexual o abuso financiero o negligencia (como la privación de alimentos y cuidados a una o más personas) al igual que el castigo corporal del cual los niños son víctimas, aceptandolo culturalmente como parte de su educación.

De todas maneras, la calle es el ámbito más peligroso para su vida, mientras que en la escuela puede ocurrir la violencia escolar.

Existen otras formas de abusos de menores como, por ejemplo, en la que los donde muchas veces, los adultos abusan de su poder y usan a los niños para satisfacer sus necesidades o resolver sus conflictos, como sucede con la explotación infantil (empleo de niños por mayores con fines económicos); la pedofilia (perversión de adultos que tienen predilección por los niños); la pornografía infantil (fotos, videos, páginas o producciones por Internet o medios gráficos para promocionar o mostrar explotación sexual de menores); prostitución infantil (contratar u ofrecer servicios sexuales de un niño a cambio de dinero); tráfico de menores (separación de un niño de la familia trasladándolo a distancia con fines comerciales).

Todos estos tipos de maltratos, como las lesiones físicas, el abuso sexual y la violencia discursiva, producen daños psíquicos que pueden llevar al sujeto a neurosis, enfermedades psicosomáticas, psicosis, destrucción de la autoestima y en el peor de los casos a suicidios. El maltrato infantil seguido de la muerte es una de las más cruentas expresiones de vulnerabilidad que tienen los niños menores.

Si bien el Estado debe velar por la adopción de medidas que garanticen la concreción de los derechos fundamentales de los niños, para su protección; es conveniente, en cualquiera de los casos y ante evidencias exteriores realizar la denuncia correspondiente.

En cuanto a maestros, preceptores, directores, de Jardín maternal o de infantes, es conveniente también acudir a profesionales especializados para poder orientar su labor en el ámbito educacional.