La historia es para escribirla y Venezuela, tal cual lo anticipó su entrenador, se preparó para hacerlo. Y lo logró porque ante una Argentina aturdida, ahogada y sin alma, el seleccionado vinotinto se dio el gusto de ganarle por primera vez en 19 partidos del historial. Merecida y justa fue la victoria venezolana, porque Argentina fue Argentina solamente en los primeros 20 minutos de juego. Luego, se ahogó, se quedó sin respuestas y terminó superado claramente por su rival. El segundo capítulo en el inicio de las Eliminatorias se saldó con el sello del fracaso colectivo e individual para Argentina que perdió merecidamente.

De mayor a menor. Así se podría resumir sin temor alguno al error, el rendimiento de Argentina en los primeros 45 minutos de partido. Arrancó a toda orquesta: preciso, veloz, profundo. Con Messi muy suelto y bien acompañado de Di María, la selección nacional fue generando algunas chances que pudieron haber terminado en gol.

El arquero Vega tuvo bastante trabajo con dos remates de Lionel Messi que resolvió con autoridad. Pero lentamente, Argentina fue perdiendo precisión, velocidad y claridad, fundamentalmente. Eso permitió que Venezuela, muy tímido al principio, se fuera animando y comenzara a crearle problemas con las contras de Rondón y Arango. Argentina ya no fue el mismo y pasó de dominar el partido a sufrirlo atrás, que es el sector más flojo de este proceso de Sabella. Andújar tuvo que revolcar bastante para ahogar un par de llegadas venezolanas, incluyendo un tiro libre cerca del final que casi se le mete.

En el segundo tiempo, el que se soltó con todo fue Venezuela que presionó a Argentina contra el arco de Andújar y empezó a lastimarlo. A los 15’ Arango exigió al arquero argentino con un tiro libre que era gol. Andújar la sacó al córner y de esa jugada llegaría el gol de Venezuela. La metieron bien abierta y por el segundo palo apareció Amorebieta para vencer de cabeza la resistencia de un desprotegido Andújar. Ese gol liberó todos los fantasmas argentinos que llevaron al equipo a quedarse sin reacción y sin respuestas para remontar una desventaja mínima, pero inofensiva. Argentina perdió bien. Nunca pudo hacer pie en Venezuela y lo pagó con una derrota histórica.