Era demasiada gente la que estaba sobre la Libertador para manifestar su rechazo a la ley de matrimonio de personas del mismo sexo. Tanta, que a las 9:30 ya se hablaba de una presencia de 15.000 personas, y al mediodía se decía que ya se había superado ampliamente el doble de esa cantidad. Uno de los desafíos para la organización era mantener el mismo ánimo de la gente durante las casi 5 horas que estuvo parada en la calle, de 8 a 12:30. Entonces, como recurso de cabecera, tomaron la canción del Mundial de Fútbol que interpreta David Bisbal, le cambiaron algunos fragmentos de la letra y la bautizaron como la Canción por la Familia. Resultado: la multitud arrancó un canto tímido leyendo la letra en la pantalla gigante del escenario, y terminó bailando desatada, siguiendo la coreografía de un grupo de coaches improvisados que dirigían todo desde arriba de la fuente de la Legislatura.
Todo estaba preparado por las ONG organizadoras para contener a decenas de miles de personas. Al vallado metálico que bordeaba la plaza España y la Legislatura, se agregaban la custodia policial (de 120 efectivos de la Policía de San Juan) y los cordones humanos que formaban 400 jóvenes voluntarios, tomados de la mano e identificados con brazaletes naranja, el color oficial de la manifestación.
Poco antes de las 10 de la mañana, hizo su debut la sorpresa de la canción. El espíritu mundialista se asimiló entonces al de la convocatoria, y desde ese momento el ritmo no decayó más. Tanto, que cuando terminó el acto y los legisladores nacionales ya se habían ido con las firmas recolectadas bajo el brazo, la gente se quedó mirando hacia el escenario, con un signo de interrogación en la cara. Entonces los conductores de ese momento (Osvaldo Benmuyal, Marcela Podda y Pascual Recabarren) recurrieron a la ya archiescuchada canción como lema de despedida. Sólo así la multitud empezó a dispersarse.
Entre las tantas veces que se hizo cantar ese jingle adaptado, hubo espectáculos en vivo de artistas locales sobre el escenario. Primero fue Graciela Tapia quien hizo cantar y bailar a todos. Después vino el turno de los Gajos de Pinono, que arremetieron con un par de cuecas coreadas por las miles de voces de la Libertador. Y la banda que se presentó al final generó un dato curioso: interpretó las popularísimas Honrar la Vida y Sólo le Pido a Dios, esta última de autoría de León Gieco, músico que se ha manifestado abiertamente a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.
Conforme el ritmo crecía, en contraste con lo gris que se iba poniendo el cielo a partir de media mañana, comenzó a avanzar entre la gente una bandera naranja, de unos 20 metros de largo, agitada por una quincena de voluntarios. La hacían serpentear entre las primeras filas de manifestantes, para ubicarse luego al Norte de la fuente y dibujar allí figuras con el paño.
Pero nada generaba tanta adhesión como la Canción por la Familia. Uno de los jóvenes de la organización, que tenía un gorro de lana con los colores de la Bandera Nacional, hizo en la rampa del escenario (para ser visto desde lejos) los pasos que se ve en el video musical del tema original. Y al rato todo el mundo estaba siguiendo esa coreografía. Un poco más tarde, con una nueva vuelta de la canción, algunas adolescentes se treparon a la fuente e imitaron los mismos movimientos, que eran reproducidos como olas por los manifestantes. Sólo la entonación del Himno Nacional, con los legisladores e intendentes sobre el escenario, marcó un cambio de ritmo en una mañana signada por los compases de la música mundialista, en sintonía con el mensaje de "sí a la familia" y "no al matrimonio gay".
