Por sabido, el exclusivo hecho de concebir, gestar y dar a luz, es lo que convierte en madre a una mujer; ese nuevo y privilegiado rol es máxima condición tutelar en educación y encarrilamiento: la madre es quien debe acondicionar la "mochila de vida" que sus hijos deberán cargar indefectiblemente.
La relación madre-padre, su conlleve en armonía, la necesidad de que exista, sus positivos alcances al respecto, y su ensamble anímico constructivo, dual y amalgamado, debe ser primerísima escuela abierta para sus hijos. Madre y padre no han de contender en el endilgamiento de sus vástagos, y sí, abiertamente, con ajuste de entendimiento, han de complementarse vivamente.
Una madre, en su papel de mediadora entre el padre y los hijos, debe sustentar su posición ateniéndose a lo justo, a lo equitativo, y a lo fehaciente; una alternativa equivocada, un cambio sin fundamento, puede significar para los hijos entrar en zona de desconcierto o perplejidad, que les producirá un choque anímico, con secuelas impensadas, o vacíos existenciales difíciles de llenar.
La posición social de una madre (estatus), es decir su categorización personal, influye en el quehacer mismo de la crianza: La herencia genética (cualidades positivas o negativas); la capacidad de entender y darse a entender (intelectiva); los alcances transmisibles de su educación; un medio ambiente hostigante; las mezquinas repercusiones de un continuo vivir sin orden ni sujeción; la falta de calidad humana; el desmedro de sentirse inútil; la desidia aplastante; la carencia de expresividad emocional; la vacuidad comunicacional; la ausencia de un cariño protector, etc., etc., constituyen escollos -a veces insalvables- en la relación materno-filial.
Con lamentable comprobación esto se produce altísimamente en la clase baja, causado por acuciante pobreza (pauperismo), un estado que asfixia la existencia, agravado a veces por un hacinamiento destructor, donde no puede proliferar virtud alguna, ni existir la inmanencia del sentido común.
La idea de que la mujer nace para ser madre, está sustentada en relación a su carácter de gestadora prototípica, y por lo tanto ha de experimentar un "llamado" de la naturaleza. Pero hoy en día, por cuestiones de conveniencia, o simplemente liberales, la mujer que por psiquismo y estado inductivo del ánimo desea tener un hijo, ha trastocado ese fin, adoptando una actitud, selectiva de cuándo y porqué debe embarcarse en un embarazo. Es la procreación regulada, conforme a las necesidades y propósitos femeninos.
Una madre no es una alternativa, sino un fin claramente definido respecto de sus hijos: O los cría bien, o no los engendre; no obstante, cuando llegan, cuando ya están, ella tiene obligación de constituirse en la mejor opción como individua, para, acuciosamente, ofrecerles el mas ajustado tratamiento de madre.
Tal vez hoy una madre no pueda dedicar el tiempo necesario a sus hijos, pero si en alto grado su intención es íntegra, lo mismo actuará a un tiempo, con miramiento por ellos, con atención, protección, guía y cultivo, empujándolos, suave pero firmemente, hasta la feliz instancia en que ya puedan ser considerados personas de bien.
