"Ante el dolor y la violencia, ante la pobreza y el hambre, ante la corrupción o el abuso del poder, un cristiano nunca puede quedarse callado" (S.S. Benedicto XVI). Para escribir ésto me he basado en la anterior sentencia del Papa actual y en el escrito del investigador sanjuanino Carlos Buscemi publicado el pasado 25 de mayo, en este diario. Este último recuerda, y nos ilustra, que ciertos próceres argentinos de otras épocas no quisieron recibir el dinero de sus sueldos ni de reconocimientos por servicios prestados al país, y lo donaron para obras de bien. ¡Qué ejemplo! ¡qué renuncia!

Ciertos "próceres" en la Argentina actual, sin tener en cuenta el dolor, el hambre y la pobreza, entre otras vergüenzas nacionales, con dineros del tesoro de la Nación se aumentaron sus ingresos, ya que, según ellos, con lo que "ganan" no les alcanza para llegar al fin de mes. ¿Será así?

En Tierra del Fuego, según fue consignado por la prensa, algunos funcionarios perciben más de $ 21.000 mensuales, en tanto los docentes, los policías, los jubilados, los peones rurales y millones y millones de argentinos siguen reclamando mejoras de haberes.

Alguien dijo: "El que no ama la honradez y la justicia no ama a su patria". Así no hay democracia pura. Muchos la deforman para bien de su bolsillo. Algunas alforjas ya revientan de tantos bienes mal habidos, y no como frutos de trabajo honesto.

Hay artículos de la Constitución Nacional, que quizá estén repetidos en las provinciales, que expresan con candidez que los sueldos de tales y cuales funcionarios se fijarán por leyes que ellos mismos redacten y aprueben para su exclusivo beneficio.

Tales artículos debieran reformarse para limitar sueldos y aumentos, y no dejar tal fijación al arbitrio de circunstanciales hacedores de leyes, para funcionarios de los 3 poderes del Estado, elegidos por la población o nombrados sin su participación.

Debe haber manera de hacerlo. Así elegiríamos a los honestos y justos que amen a la patria, y no a quienes no la aman y no tienen siquiera vocación de servicio.

Hay soluciones, seguramente. Hay que buscarlas para evitar las tremendas e injustas diferencias salariales que originan situaciones peligrosas y desbordes sociales.

Se acabarían los descontentos, las discriminaciones, los privilegios, y las protestas, las huelgas, los piquetes y otros hechos riesgosos como odiosos. Haríamos un país disciplinado, ordenado y llegaría la ansiada paz social.

Los próceres de la época de Alberdi y otros que hicieron la primera Constitución ya no están. Ya pasaron. Hoy son otros muy distintos por lo que se ve y se aprecia.