Permítanme compartir con ustedes algunas de las cosas que aprendí durante los últimos doce meses mientras viajaba por el mundo y escribía mi columna sobre el continente americano. Son ideas tan simples que pueden parecer bobas, pero quizás no lo sean tanto. Por ejemplo, actualmente, los economistas miden el progreso de los países según su producto interno bruto, o PIB. Pero Latinoamérica nunca resolverá sus problemas de pobreza si no mejora sus estándares educacionales, porque -por más que crezca su economía- los beneficios del crecimiento no llegan a quienes no tienen suficiente educación como para conseguir empleos en el sector formal de la economía.

Es hora de crear un Producto Educativo Bruto, o PEB, y que este pase a ser un instrumento de medición tanto o más importante. Lo que más vale son las ideas. Mientras que la mayor parte de las exportaciones latinoamericanas son materias primas o manufacturas ligeras, la economía mundial recompensa cada vez más a todos aquellos que producen nuevos conceptos. Innovación es la palabra clave del futuro.

En viajes recientes a Perú y a la República Dominicana, me enteré de que los fabricantes textiles locales que exportan camisas deportivas y jeans para Ralph Lauren, Calvin Klein y otras multinacionales se quedan con menos del 20% del precio final de estos productos en las tiendas estadounidenses. Más del 80% del precio que pagan los consumidores norteamericanos van a quienes crearon las marcas, los diseños, la publicidad y realizaron otras tareas no manuales. Igualmente, los exportadores latinoamericanos de café reciben menos del 5% del precio que cuesta en EEUU un café. Los países latinoamericanos deben poner más valor agregado a sus exportaciones, para quedarse con una tajada más grande.

Hay que ampliar los acuerdos de libre comercio. Latinoamérica y el Caribe representan apenas el 5% del comercio mundial, lo mismo que hace 30 años, mientras Asia aumentó su porcentaje del 6 al 23% en esas tres décadas. Y la proporción asiática crecerá aún más, desde este mes, al entrar en vigor un mega-acuerdo de libre comercio entre China y los diez países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Se puede enseñar inglés, portugués y otras lenguas gratis. Durante mis viajes a Finlandia, Suecia e Israel, me sorprendió la respuesta que recibí cuando preguntaba por qué tanta gente hablaba inglés en estos países, facilitando así su inserción en la economía global. Muchos me respondieron: "Muy fácil. ¡No doblamos los dibujos animados de la televisión, y nuestros niños se acostumbran al inglés desde la cuna!".

Ahora que China y otros países asiáticos tienen inglés obligatorio desde el tercer grado de la primaria -cuatro años antes que en la mayoría de los países latinoamericanos-, no es mala idea que en América latina dejaran de doblar los dibujos de la TV, para que los niños los vean en inglés, portugués y otras lenguas extranjeras. Lo mismo en EEUU, donde pasar dibujos animados en español ayudaría a millones de niños no hispanos a hablar el idioma de Cervantes.

Hay que crear una visa latinoamericana común. Se calcula que China enviará unos 100 millones de turistas anuales al resto del mundo para 2020, y que cientos de miles de extranjeros se aprestan a viajar a Brasil para el Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016.

Mi conclusión: pueden pensar que estoy delirando, y que es una ingenuidad pensar que -en países como Venezuela y Bolivia van a prohibir palabras en inglés para revivir lenguas ancestrales de pasado mítico, o de reducir sus vínculos económicos con EEUU y la Unión Europea- estas ideas puedan ser realizables. Pero soy un optimista nato, y creo que la mayoría de los países desea integrarse a la modernidad.

"QUIZÁS bajo la influencia del espíritu de las fiestas, mis niveles de esperanza han aumentado algunos decibeles. De manera que les deseo a todos muchas felicidades, y que algunos de estos deseos se hagan realidad. ¡Feliz 2010!"