
La frase: "Allí estaremos” es hoy un símbolo imposible de desvincular de Don Aburnio Verd; fue su muletilla y emblema, nació de su entraña y, más que eso, fue su modo de estar con la gente en todo acontecimiento pequeño o importante que desde el deporte interesara, aunque a la mayoría de ellos no pudiera concurrir..
Ha cumplido ya muchos años la creación de la audición "Páginas de oro del deporte sanjuanino”, un referente de nuestra historia deportiva contemporánea que integraba don Aburnio, Mario G. Siri y Jesús Ernesto Cepeda. Todo hecho competitivo provincial o nacional pasó por allí; desde la palabra campechana y fácil que fue el estilo del programa, se fueron enhebrando los acontecimientos que forjaron la vida de tantos protagonistas de la competencia.
Don Aburnio fue un atleta, futbolista y boxeador importante, pero, fundamentalmente, un periodista, ese ser que tiene nada menos que la augusta tarea de contar la crónica de lo que nos sucede como seres humanos y tratar de ser lo más fiel y objetivo; y Don Aburnio lo hizo con la dignidad irrefutable de quien sentenció: "El periodista debe ser esclavo de la verdad”. Puede la verdad, lo que realmente acontece, el meollo de lo que ven nuestros ojos y escuchan nuestros oídos, relatarse de mil maneras, ser objeto de interpretación, de proyección, de enfoque ideológico, pero jamás mancillada por la incorrección que la denigra en la mentira disfrazada.
En el año 1970, pleno gobierno militar, sufrió la desaparición forzada de su hijo Marcelo, odontólogo sanjuanino, y de su esposa Sara Palacio, del domicilio conyugal de la calle Arenales, en Villa del Carril, posiblemente una de las primeras desapariciones de personas de esa época aciaga.
Este hombre simple, que disfrutaba de la palabra asequible y encontrara su destino tras la magia de un micrófono, fue uno de nuestros personajes; ellos se auto construyen con el talento y la personalidad que da lo original, ingredientes que reunidos sólo en ellos resultan fértiles. Diseñar un perfil de ser humano es una labor inconsciente, no propuesta para quien lo logra, pero inocultable para la sociedad. Nadie que sea capaz de hacer un culto de la verdad y haya poseído tantos atributos apreciables para sus semejantes, pasa desapercibido. Aburnio Verd nos halagaba el espíritu con aquel campechano anuncio: "allí estaremos”, cuando comentaba algún acontecimiento social que discurrió por su micrófono fértil; pero siempre estuvo -y está- alojado allí en el refugio de una intemporal radio sanjuanina, desplegando torrentes de vidas, impresiones, experiencia, bandadas de aves de aire y luz, abrazos cordiales desde el tablado celeste de una singular reunión social donde su palabra teje a manotazos dulces de boxeador casi herido o gladiador triunfante gran parte de una historia por la cual somos lo que somos. Por eso, allí estaremos siempre, don Aburnio.
Por el Dr. Raúl de la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete.
