Por estos tiempos no es novedad los altos costos que afrontan los productores para producir uvas y los bajos precios que el ‘libre mercado‘ ofrece sin considerar a la uva como un insumo tan importante como lo es el costo del corcho, de las botellas, de los fletes, etc. Hablan de insumos pero la uva, de donde sino saldrá el vino, es la variable de ajuste que hacen las empresas para ofrecer un precio final al viñatero, claro está luego de haberse asegurado toda la cadena sus propias ganancias. Nadie resigna tener menos porcentaje de las utilidades de cada empresa que integra la cadena del negocio del vino (bodegas, fraccionadoras, distribuidores, exportadores, etc) para poder ofrecer un poco más a cada productor. Parece ser que sólo este último es el condenado a perder.

Hay opiniones de productores por todos lados quejándose porque consideran que los están sacando del sistema sin darse cuenta que están matando a la base del negocio: el que produce uva. Gabriela Lizana, una productora y nucleada en ‘Productores del Este Autoconvocados‘ levanta la voz sosteniendo que ‘la ambición desmedida de ciertos sectores ha favorecido el escenario de nula rentabilidad del productor mendocino. Explicó que la compra de uva por parte del gobierno para intervenir en el mercado decidido a pagar bajos precios más allá de la devaluación e inflación, ha sido una medida muy positiva.

‘Si bien no se llegará a la compra de 1.100 quintales por productor, que se prometió, varios productores han podido vender entre 200, 300 y en algunos casos hasta 500 quintales, más o menos, al operativo. Es cierto que ha sido muy difícil coordinar, que ha significado un gran esfuerzo, que ha tenido muchos problemas pero los productores estamos acostumbrados al esfuerzo, a la paciencia, a la esperanza.

Estos 300 a 350 mil quintales que finalmente ha comprado el Gobierno, serán un desafío para nosotros, ya que queremos colaborar también en la comercialización del mosto que se hará con esas uvas. Estoy convencida de que ahora la clave estará en no vender este mosto a los compradores tradicionales en el país. Si no, todo el esfuerzo habrá sido en vano‘.

El Gobierno debe recuperar lo invertido para volver a tener estos fondos el próximo año. En este sentido, también tiene que encontrar a los productores más organizados la próxima campaña. Así, se podrá intervenir todavía más en la implementación del próximo operativo que se lleve a cabo, pensar siempre en positivo y mejorar‘.

La productora y dirigente explica que ‘ quienes hicimos la reconversión en su momento, y ahora tenemos uvas tintas, nos encontramos con una realidad abrumadora: los precios de la uva y del vino son apenas un poco mayores que un vino común.

Sí, ese vino que tal vez pagamos en la góndola $ 40 ó $ 70 en un restaurante, al productor se le paga $ 3 el litro en 6 o 7 meses a partir de julio, y quiero aclarar que, estén o no integrados, la rentabilidad es prácticamente la misma: nula.

Con este escenario, ¿qué está sucediendo? Es simple: en la cadena de comercialización nadie quiso perder. El comerciante aumentó el precio al público. Él no podía dejar de ganar. El Gobierno sigue con su presión tributaria. El distribuidor ajustó sus precios y también remarca. Él es importante en la cadena comercial, no puede dejar de ganar. La bodega fraccionadora soportó los aumentos de los insumos (se habla de insumos, sin tener en cuenta al vino ¿Casualidad?) corcho, etiqueta, botella, tetra, cajas. Todos son importantes, entonces aumentaron sus precios, y el fraccionador también adecuó su ganancia.

En cambio, el elaborador de vino tuvo que soportar el aumento de insumos de elaboración, entre otras cosas, y como después tiene que vender a los dueños de las grandes marcas que ponen el vino en la góndola, y estos, que tuvieron tanto para ajustar, que ya no ajustan más, les compraban el vino lo más barato posible. Y así, cada vez menos… Entonces, en esta cosecha, lo que quedaba para pagar al productor eran migajas. Así llegamos a los precios irrisorios de hoy que, por supuesto, no subieron con el operativo del Gobierno, ni a pesar de tener una cosecha de cantidades menores a las de una vendimia normal.