Esta fecha fue establecida por iniciativa del doctor Enrique Ernesto Febbraro, oriundo de Buenos Aires, quien después de enviar mil cartas a cien países del mundo recibió 700 respuestas. Eso sucedió luego de ver que el alunizaje del Apolo XI, ocurrido ese día de 1969, unió por una vez en la vida a toda la especie humana. Un pretexto al fin para rendir homenaje a aquellos que ocupan este lugar de privilegio en cada persona y se convierten en hermanos por elección. Aquí tres historias que marcan lo que significa la verdadera amistad.
Gustavo y Quique/Cuñados y Amigos
El mejor partido de su vida
Por Myriam Pérez
Gustavo Aragón tenía unos 15 años cuando conoció a Enrique Valle (ex jugador de voley y actual manager del equipo de UPCN), quien luego sería el esposo de su hermana y su gran amigo. Es que los años fueron dando cuenta de este vínculo que superaba el parentesco político y que llevó a que Quique donara uno de sus riñones a Gustavo, con quien, milagrosamente era compatible. Esto último, sin duda, es para no creer, pero real.
Todo comenzó cuando le detectaron un enfermedad renal que en principio costó identificar, conocida como Síndrome de Alport. El diagnóstico era certero y el pronóstico nada bueno. En algún momento el proceso degenerativo avanzaría, llegaría la diálisis, y recién entonces entraría en lista de espera para recibir un riñón. Así es como lo establece la ley aún cuando se sabe el deterioro que sufre una persona al ser dializada a través del tiempo.
El 28 de julio de 2008, Gustavo alcanzó su título de médico veterinario, y casi de inmediato, en agosto comenzó con la diálisis. En ese momento Quique no tuvo duda y se ofreció como donante, pero ahí también la ley es un obstáculo porque se debe garantizar que no se trata de una venta de órganos. Ese trámite demanda bastante tiempo, pero pudo lograrse gracias a la intervención de un tercer amigo y abogado, Waldino Acosta, quien no cobró ni un centavo para hacer los trámites pertinentes. Varios obstáculos se interpusieron como la negativa de una fiscal que rechazó el pedido hasta que comprobó que no existía venta, sólo el gran afecto y solidaridad de un amigo y cuñado.
En primer lugar los médicos corroboraron el grupo sanguíneo que debía ser A o 0 (universal), y ahí el primer milagro estaba asegurado porque ambos eran A. El segundo, más increíble aún, fue un test denominado cross-match que determina la compatibilidad de la sangre, que dio un 60 por ciento a favor, un porcentaje altísimo teniendo en cuenta que no era donante consanguíneo. Hasta allí, examen de histocompatibilidad de por medio, ya empezaba a dar una luz a Gustavo.
A todo esto, la esposa de Quique, Cecilia Aragón, también tenía la misma enfermedad que su hermano, y fue su papá quien donó el riñón, con menos trámites porque esto si está previsto en la ley de donación de órganos.
El 21 de enero de 2009, ni el terror a las agujas, ni a las operaciones, ni a ver sangre, nada de eso impidió que Quique entrara (temblando), a la sala de cirugía del Hospital Privado de Córdoba, para proceder a la operación que horas más tarde le devolvería a Gustavo la posibilidad de continuar con una vida normal.
El post operatorio casi no tuvo inconvenientes, salvo una febrícula de Quique que preocupó pero superó con antibióticos.
"Recuerdo que Quique entró muy asustado porque siempre le dio miedo este tipo de cosas, pero igual lo hizo. En cambio, yo entré feliz porque sabía que era mi gran oportunidad de vida y así fue. Me trasplantaron un martes y me dieron de alta al lunes siguiente, antes de lo pensado. Ni yo ni mi familia jamás podremos pagar lo que hizo por mi. Siempre supe que era un hombre generoso porque lo demostró y lo demuestra en forma permanente. No conoce la mezquindad, es una persona extraordinaria. Si bien ellos vivieron 12 años en Buenos Aires el contacto era permanente", cuenta Gustavo mientras lamenta que no estuviera presente en la entrevista porque se encuentra en Brasil.
Los ojos celestes cristalinos de Gustavo hablan solos cuando recuerda algunos pasajes de su vida. Deja traslucir una especie de alegría y emoción, cuando recuerda que su esposa Cecilia lo "bancó" con su enfermedad desde que se conocieron, y ni hablar de la luz que irradia cuando cuenta que ya es papá de Juan Antonio de un año y medio. Un agradecido, que reconoce que "tanto su familia de sangre como su familia política, saben que esta vida se la deben a Quique".
Ambos deben cuidarse de caídas y lesiones para evitar que algo pueda dañar el único riñón que tienen, pero en general hacen una vida muy normal. "Al principio me costó acostumbrarme porque como Quique es tan grande, el riñón también lo era. Tengo un bulto pero ya me acostumbré", dice entre risas porque él es de contextura más bien menuda.
El vínculo es cada vez más estrecho pese a las actividades de ambos, se encuentran los domingos a comer y en cuanta oportunidad más haya para compartir.
Una vida sellada por la generosidad sin límites de un hombre que no sólo supo brillar en la cancha.
Favaloro y Shabelman / Colegas y amigos
Puro corazón
Por María Inés Montes
René G. Favaloro nació un 12 de julio de 1923, se graduó en 1949 y ejerció 12 años como médico rural en la localidad de Jacinto Aráuz. En 1962 se fue a la Cleveland Clinic, donde ganó fama y prestigio mundiales. Destacado médico argentino, revolucionó el campo de la cirugía cardiovascular con sus descubrimientos que alcanzaron prestigio internacional.
A fines de la década de 1960 empezó a estudiar una técnica para utilizar la vena safena en la cirugía coronaria. A principios de la década de 1970 fundó la fundación que lleva su nombre, para fomentar la investigación y la docencia. Se desempeñó en la Conadep, condujo programas de televisión dedicados a la medicina y escribió libros.
El 29 de julio de 2000, después de escribir una carta, se quitó la vida de un disparo al corazón. La Fundación le permitió formar más de 400 médicos residentes bajo su supervisión, atender más de 347.725 consultas, 273.276 estudios no invasivos, 19.262 cateterismos, 5.894 cateterismos terapéuticos, 470 trasplantes y 20.174 cirugías. En nuestra provincia hay plazas y centros de salud que llevan el nombre de este prestigioso médico. Pero también, encontramos a un gran amigo que lo conoció de cerca y que además compartían la especialidad. Para celebrar el próximo 20 de julio una relación que fue más allá del bisturí. El Dr. Moisés Shabelman, 88 años, reconocido especialista en cardiología, contó a Revista Oh! cómo surge su amistad con René Favaloro.
"Yo me recibo de médico en 1948, en el año 1949 hago la especialidad en cardiología y en 1950 tuve la oportunidad de conocer a este gran maestro en un congreso internacional en Londres. Recuerdo que viaje con mi primo, médico de Pocito,el Dr. Peresmuter y Américo García (gobernador de San Juan). Allí me lo cruzo en un pasillo y le pido ir como interno al hospital donde se desempeñaba él y me aceptó. Así entro al Hospital de Ramos Mejía, donde pude aprender muchas cosas al lado de René Favaloro, participando en las operaciones y prácticas médicas. En ese entonces él no era muy conocido en Argentina pero fuera del país sí. La concurrencia de médicos a sus conferencias era tanta que los salones quedaban chicos. Compartí grandes momentos en lo profesional, pero también hicimos una gran amistad. Favaloro me dejó mucho, en el ámbito profesional, fue el primero en realizar la anastomosis de aorta de corazón con un tejido especial. Además un sabio de las coronarias, cardiopatías. Su mérito fundamental fue el bypass, la circulación entre la aorta y la coronaria, esto se propagó por todo el mundo y fue la solución para muchos enfermos.
Sus conocimientos y viajes compartidos en diferentes congresos, me dejaron una valija llena de conocimientos y de ética profesional. Tuve la oportunidad de acompañarlo en algunos viajes, sobre todo a los del interior de nuestro país, por eso mi experiencia en el campo de la medicina. Pero hoy puedo expresar también que fue un gran amigo. En mis años en Buenos Aires compartimos salidas fuera del hospital con otros colegas y las esposas de ambos eran muy amigas también. Estuvo en San Juan en varias oportunidades. Recuerdo que en el año 1972 se realizó un congreso internacional en la ciudad de Mendoza, por aquel entonces yo era Presidente de la Federación de Cardiología, de modo tal que lo invité una semana antes a que pasara unos días en San Juan con todo su equipo. Gracias a la Asociación de Viñateros y Bodegueros, que me ayudó económicamente, René vino. Por supuesto que cuando los mendocinos se enteraron se enojaron mucho. Pero San Juan le gustaba ya que compartía conferencias y prácticas con otros colegas y salía al mundo de la agricultura sanjuanina, le encantaba visitar bodegas. Los medios de difusión lo retenían en largas entrevistas.
René fue un hombre muy jovial, divertido y compañero, el doctor Moisés continúa recordándolo con mucho afecto diciendo: Favaloro era muy sensible tanto que al comenzar en un congreso expresó: "Tuve la suerte de haber nacido en un hogar pobre, de madre modista y padre carpintero, amo mi ciudad ya que fui médico de pueblo durante mis primeros diez años’.
A ambos nos unía una estrecha relación más allá de la medicina, tanto que los hijos del Dr. Schabelman, Alejandro y Sergio, hoy cardiólogos, hicieron la residencia también en Buenos Aires.
Cuando Tony (mujer de Favaloro) muere, Favaloro entra en depresión sin manifestarlo y por lo tanto entre sus colegas fue una sorpresa, lo acompañamos mucho, porque casi nadie se dio cuenta de este hecho, le era muy difícil superarlo, expresa Moisés con mucha congoja y casi defendiéndolo de ese suicidio.
Humilde, buen maestro, comprometido con los más pobres, poco reconocido en este país pero admirado en el mundo. Logramos una amistad que nos llevó a traspasar fronteras en lo profesional y en la amistad, y lo más grandioso a salvar muchas vidas.
Estas son las facetas que coinciden en destacar al Dr. Moisés Shabelman un prestigioso cardiólogo que hoy nos trae a la memoria a un gran maestro, René Favaloro, su amigo y además autor del revolucionario método de bypass coronario. Sus huellas quedaran grabadas en mi memoria por siempre culmina el Dr. Moisés Shabelman.
Los mejores alumnos de 1936 / Amigos de viaje
Un sentimiento que perdura en el tiempo
Por Paulina Rotman
Septiembre de 1936 quedó marcado a fuego en la vida de los entonces mejores alumnos de los primarios sanjuaninos del gran San Juan. Es que por primera y única vez en la historia, según las palabras de Isaías Goransky -uno de los protagonistas de esa aventura- las autoridades de gobierno los llevaron de viaje por dos semanas a Buenos Aires, como premio al desempeño escolar. El traslado en tren, la estadía en "la gran ciudad” y la posibilidad de estar en lugares únicos, sumado a tantos días alejado de las familias de por lo menos 100 estudiantes de 12 años (hoy tienen alrededor de 88), significó una excusa enorme para hacer amigos. Muchos de ellos siguieron juntos en el secundario. Pero a otros no volvieron a verse jamás. Por eso este 20 de julio parece ser la fecha indicada para volver a encontrarse y recordar aquella hazaña.
"Hoy muchos ya no deben estar vivos pero los que quedamos, quizás los hijos y nietos que escucharon de boca de un padre o un abuelo sobre esos días en Buenos Aires, podamos hacer un homenaje a los que luego de ese viaje pudimos forjar una gran amistad”, dice a modo de convocatoria "Pita” tal como se lo conoce a Goransky, quien está dispuesto a rearmar ese tramito de la historia de los sanjuaninos que se destacaban en 5¦ y 6¦ grado de hace 76 años atrás. Este octogenario sueña con un encuentro donde las pocas fotos existentes y las muchas anécdotas sean una caricia para el alma.
Por aquellos años, la iniciativa fue compartida entre el ministro de Marina de la Nación. Según recuerda Isaías Goransky, un albardonero de pura cepa, llamado Eliazar Videla y la esposa del gobernador Maurín, que ocupaba el cargo como Directora General de Escuelas en San Juan. No tuvieron que pagar nada. La única exigencia era llevar un guardapolvo blanco, una corbata los varones y un corbatín, las nenas.
"Fue un viaje único e irrepetible. Para todos era la primera vez que íbamos a Buenos Aires”, describe el itinerario que comenzó en la estación de trenes San Martín para seguir, luego de casi un día de viaje, en un Retiro iluminado "como si fuera de día” pese a que llegaron pasadas las 22. Se alojaron en el viejo "Hotel de los Inmigrantes” donde por esos días se alojaba a los refugiados de la Guerra Civil Española. "Todavía recuerdo el olor a ajo y repollo de lo que comían. Nosotros teníamos un pabellón para las chicas y otro para los varones y estábamos siempre acompañados por los maestros y maestras que fueron con nosotros como la maestra Albarracín, que era mi maestra en la escuela Alem. Nosotros no comíamos ni allí ni en comedores, en cada lugar que íbamos nos hacían un banquete”, agrega el viajero que aún disfruta cuando se acuerda de las 3 "bañaderas” (colectivos sin el techo) o el yate presidencial que les pusieron a disposición para recorrer el Tigre. También visitaron el colegio Don Bosco de La Plata, la Catedral, el Obelisco, una fábrica de chocolates, dieron un viaje en el recién estrenado subte línea A que iba de Retiro a Constitución y pasearon por la Casa Rosada donde fueron recibidos por distintas autoridades y donde asegura haber vivido una de las anécdotas más fuertes del viaje. "Vimos un busto de Sarmiento y uno de nosotros le dijo al presidente, el general Justo, que por qué no lo regalaba para San Juan. Dicen que el busto que hoy todavía está en pie en la escuela Rivadavia, es esa misma estatua”, cuenta Goransky, quien rescata que se hicieron tan amigos entre los alumnos que nadie sufrió extrañeza.
"Muchas veces hemos hablado del viaje pero nunca hicimos nada, salvo rescatar una foto que salió en un diario de Buenos Aires y donde a esta altura de las circunstancias casi que ni nos podemos reconocer. Antes éramos jóvenes y quizás no necesitábamos juntarnos para rememorar esas épocas. Ahora estamos grandes y los recuerdos son fundamentales”, comenta el hombre que pone a disposición su celular, el 154105135, para todos aquellos que quieran rearmar el rompecabezas de una amistad que trascendió un viaje a Buenos Aires, al que seguramente le siguieron muchos más en la vida de cada uno, pero ninguno fue igual al de aquel 1936.
