El seleccionado argentino, integrado por jugadores del medio sudamericano, buscará hoy desquitarse de Brasil, que ganó en la ida 2-1, cuando lo reciba en Resistencia, Chaco, por la revancha del Superclásico de las Américas. El encuentro, que se desarrollará desde las 21.45 (Canal 7) en el estadio Bicentenario, contará con arbitraje del chileno Enrique Osses.
En aquella oportunidad, los de Alejandro Sabella se pusieron en ventaja con un gol del “Burrito” Martínez, pero Brasil lo empató con un tanto de Paulinho, primero, y lo terminó ganando sobre el pitazo final a través de un tiro penal de Neymar.
El reglamento los obliga a que los planteles solamente pueden estar integrados por jugadores de los medios locales (a la albiceleste lo asiste un beneficio: cuenta con 4 futbolistas que actúan en el campeonato brasileño).
Con la promesa de un estadio colmado, porque aún sin las grandes estrellas son pocas las veces que se traslada a las provincias, la Selección anuncia un planteo opuesto al de la ida, cuando Sabella recibió algunos cuestionamientos por sus cuidados defensivos.
El DT todavía no definió, de todos modos, el equipo titular: pueden ir los mismos 11 de Goiania (un 5-3-2), o puede entrar el volante Walter Montillo para un más ofensivo 4-3-2-1. Mantener los nombres pero emplearlos en otra dinámica de juego, en definitiva, que es la máxima aspiración del técnico argentino. “Lo ideal es contar con jugadores que puedan adaptarse a distintos sistemas”, explicó hace algunos meses Sabella.
Si ingresa el enganche del Cruzeiro de Belo Horizonte (jugaría en línea con Juan Manuel Martínez, quedando Hernán Barcos como única referencia de punta), el que dejaría su lugar en el fondo sería el zaguero de Arsenal de Sarandí Lisandro López.
Por el lado de Brasil y con respecto a los convocados para el partido de ida en Brasil, el técnico Mano Menezes, cada vez más criticado en su país, no podrá contar con el delantero del San Pablo Luis Fabiano por una lesión. Pero sí estará su máxima estrella, el delantero del Santos Neymar, sobre quien viajan las ilusiones brasileñas de sacarse la vieja espina de 1950 y, en 2014, ganar el Mundial en casa.
