El equipo argentino no tuvo una buena noche en la fría Bucarest, o al menos se espera que sólo se trate de un mal día porque no funcionó en casi todas sus líneas y apenas igualó 0-0 ante Rumania. El único punto positivo fue la buena actuación del arquero Sergio Romero, quien ante las exigencias del ataque rumano, que supo manejar y administrar los contraataques, respondió con solvencia, en un puesto cuestionado por los pocos minutos que disputa en su club, en Monaco.
En el primer tiempo, los dirigidos por Sabella se encontraron con un equipo rumano ordenado y aplicado, con algunos de los futbolistas que perdió el repechaje ante Grecia, que jugó con un 4-4-1-1, sistema que cortó el circuito creativo argentino entre el capitán Lionel Messi y sus socios Gago y Angel Di María.
En cuanto a opciones de los atacantes, a los 9’ Higuaín remató desviado y a los 38’ Agüero dejó dos rivales en el camino, pero el guardametas le negó el gol. Los rumanos contaron con las situaciones más claras: a los 20’ Romero sacó por arriba del travesaño el cabezazo de Maricá y a los 32’ volvió a salvar al equipo con un frentazo de Maxim.
Hasta ese momento, la defensa argentina, con un pobre partido de Federico Fernández, no dio garantías, desbordada por las bandas y perjudicada por la escasa marcación desde el mediocampo. Ya en la segunda etapa, Argentina salió con otra actitud, pero no le sobraron ideas. A los 2’, Gardos sacó cerca de la línea de gol el esfuerzo de Agüero, y sobre los 24’, Palacio desperdició un clara.
Cuando Di María ayudó a Messi se vio otro juego en el ataque y en los últimos instantes acorraló a Rumania y tuvo el triunfo a los 40’, cuando Pantilimon sacó sobre la raya el remate de Lavezzi.
