El seleccionado argentino de fútbol venció ayer a Colombia por 1-0 en el calor de Barranquilla y superó una prueba de fuego para meterse de nuevo en la pelea en las Eliminatorias Sudamericanas. Lucas Biglia, la gran figura del partido, marcó el único gol del partido a los 20 minutos del primer tiempo y le dio una justa victoria al equipo orientado por Gerardo Martino, quien tendrá algo de paz de aquí hasta que se reanude el certamen en marzo de 2016 cuando el equipo albiceleste visitará a Chile en Santiago.

A partir de una sólida defensa, Argentina jugó un interesante primer tiempo en una cancha que estaba en muy mal estado debido a los efectos de la lluvia. El local arrancó mejor, tratando de controlar el balón y desnivelar por las puntas. Pero tan sólo lo pudo hacer una vez, a los dos minutos, con un centro que no llevó peligro. Sobre los 12 Ángel Di María recibió por izquierda, tras un buen movimiento colectivo, y sacó un centro que Gonzalo Higuain elevó por encima del travesaño. Y ocho minutos más tarde llegó la apertura del marcador. Biglia recuperó el balón en campo propio y ya en terreno ajeno habilitó a Banega, quien alargó hacia Ezequiel Lavezzi. El ex San Lorenzo sacó un centro desde la derecha, Cristian Zapata no logró despejar y la pelota le quedó servida a Biglia, quien no tuvo más que empujarla.

Con espacios, Argentina siguió llegando en el principio de la segunda parte. Y, a los 2, Banega, otro de eficaz labor, estuvo cerca de aumentar, pero rechazó David Ospina. Colombia, que se adelantó más, respondió inmediatamente con un disparo cruzado de izquierda a derecha de Fabra que se fue cerca del segundo palo. El partido estaba abierto. Debió liquidar el encuentro a los 36 cuando Paulo Dybala definió bien, pero el ecuatoriano Carlos Vera vio un offside inexistente. Minutos en los que un seleccionado colombiano inexpresivo se repitió en centros al área que fueron rechazados, en su gran mayoría, por Nico Otamendi, otra de las grandes figuras en la tarde de Barranquilla. Un éxito clave del conjunto de Martino que sirvió para empezar a despejar el camino.