Cambian las sedes, los estadios, la relación de las parcialidades dentro de ellos y también las características de sus rivales en las tribunas, pero un aspecto se mantiene inalterable desde comienzo del Mundial: los hinchas argentinos son definitivamente locales en Brasil.
Los enfervoriza el convencimiento de experimentar un hecho histórico como una Copa del Mundo, el contexto de los escenarios imponentes, la adrenalina de imponerse en territorio enemigo y no los intimida la inferioridad numérica, que por primera vez desde el inicio de la fiesta del fútbol, se manifestó hoy en la capital del país organizador.
El estadio Nacional ‘Mané Garrincha‘ no presentó la escenografía típicamente ‘albiceleste‘ que se notó en el Maracaná de Río de Janeiro, el Mineirao de Belo Horizonte, el Beira-Río de Porto Alegre o el Arena Corinthians de San Pablo.
Esta vez, los ‘torcedores‘ fueron mayoría en las gradas, que tuvieron varios asientos vacíos por el fracaso de la reventa en la previa del partido con Bélgica, por los cuartos de final.
Los brasileños que no canjearon su ticket llegaron a la cancha con el claro objetivo de imponerle rigor al equipo argentino y los primeros ‘ole‘ se escucharon apenas iniciado el juego con las combinaciones intrascedentes de los europeos.
El esfuerzo de los 20 mil argentinos, en un estadio de 69 mil personas, se redobló para darle aliento al conjunto de Alejandro Sabella, que rápidamente generó las condiciones para la fiesta celeste y blanca con la apertura del marcador a los 8 minutos.
Desde entonces, los miles de espectadores con camisetas amarillas se convirtieron en figuras estáticas contrastantes con los argentinos: ‘Ya lo veo, ya lo veo, si no saltamos todos, parecemos brasileros (sic)‘.
Sólo una ráfaga de apoyo a Neymar, el crack brasileño que se quedó fuera del Mundial, el entusiasmo por alguna aproximación ofensiva de Bélgica y la defensa de Pelé, en detrimento de Diego Maradona, levantó esporádicamente a los brasileños.
Con impotencia contemplaron durante todo el partido, el dominio argentino en la cancha y también en las tribunas, que tuvo su manifestación más acabada sobre el final con la clasificación a las semifinales por primera vez en 24 años.
Esas remeras agitadas por encima de las cabezas de los jugadores e hinchas; los emocionados abrazos sobre el césped y las tribunas; la emoción conjunta de un resultado histórico hizo honor al lema con el que Argentina llegó a Brasil 2014: ‘No somos un equipo, somos un país‘.
