Era especial para el capitán de Independiente Rivadavia de Mendoza. Ariel Antonio Aguero, el albardonero que se dio el gusto de ascender con San Martín en 2007 sabía que esta vuelta a Concepción no sería igual a las demás. Siempre confesó su amor por el Verdinegro y en la semana previa, habló de lo especial que era jugar en contra de San Martín, de su gente. Pero además, se ocupó de marcar que siempre había querido volver y que nunca se pudo concretar. El gran jurado que es el pueblo no olvidó esa frase y eligió el reconocimiento desde el primer momento para el jugador nacido en El Topón de Albardón. Cuando calentaba La Lepra, Aguero ya recibió los primeros aplausos. Después, cuando se anunció la formación visitante, el coro de silbidos se cortó de golpe cuando mencionaron al defensor albardonero. Ahí, aplausos desde los cuatro costados. Ya en el juego, Aguero trató de reordenar su fondo en esos primeros 15’ en los que ya perdían por 2-0. Habló mucho, gritó, pidió reacción y se mostró como líder.
Como capitán que era. Insistió en los duelos contra Barone y en el primer tiempo le fue mal contra el uruguayo. En el complemento, se agigantó cuando La Lepra descontó primero y empató después. Terminó amonestado por reclamar en un gol anulado por foul a Ardente y cerró su regreso a Concepción mostrando su vigencia para ser el capitán de un equipo que nunca se rindió.
