Los comentarios de los lectores de este diario como los del resto de los medios más que nada con sede en Buenos Aires, al conocerse la noticia del procesamiento del vicepresidente Amado Boudou, pasaron casi por lo mismo: ignominia, bronca, decepción, en definitiva vergüenza. Decepcionados de pertenecer a un país cuya segunda autoridad institucional está bajo la lupa de la Justicia, la que, a su vez, ya tiene semiplena prueba de que el funcionario cometió al menos un acto de corrupción. Esos lectores recordaron, mucho mejor que los periodistas, que Amado no es el único funcionario de fuste involucrado en hechos de corrupción: Mauricio Macri, jefe del distrito más trascendente del país, enfrenta un proceso legal en una causa por espionaje ilegal en la ciudad de Buenos Aires, donde se lo investiga por la red montada por el agente Ciro James para espiar a políticos y empresarios. Es decir, cómo no sentir bronca si uno de los principales referentes de la oposición con chances de convertirse en Presidente y también el hombre al que el 54% de los argentinos eligió junto a Cristina Fernández para manejar el país, están sospechados de querer sacar ventajas de sus cargos a pesar de la responsabilidad que el votante depositó en ellos. Como tituló el prestigioso diario deportivo "Marca" luego de la goleada de Holanda a España por 5 a 1 en el Mundial de Brasil y por favor a quien corresponda, "arreglad esto", porque el resto de los argentinos no se merece semejante trato.
Según el fallo que fue publicado por distintos medios ayer, "Boudou, junto a José María Núñez Carmona, habrían adquirido la empresa quebrada, Ciccone Calcográfica, mientras Boudou era Ministro de Economía, a través de la sociedad The Old Fund y de Alejandro Vandenbroele, con el fin último de contratar con el Estado Nacional la impresión de billetes y documentación oficial. Boudou, aprovechando su condición de funcionario público, y Núñez Carmona, habrían acordado con Nicolás y Héctor Ciccone y Guillermo Reinwick la cesión del 70% de la empresa Ciccone Calcográfica a cambio de la realización de los actos necesarios para que la firma pudiera volver a operar y contratar con la Administración Pública". Esos, en una síntesis caprichosa de una resolución con más de 300 fojas, son los fundamentos del juez Ariel Lijo para procesar a Boudou por "cohecho e incumplimiento de los deberes de funcionario público". También procesó a otras cinco personas. Es la primera vez en la historia que se procesa a un Vicepresidente y también a un funcionario en funciones. Los que sufrieron esta decisión de algún juez, siempre les ocurrió luego de haber dejado el poder. En el largo camino de la causa vale la pena recordar que el juez y el fiscal originales, Daniel Rafecas y Carlos Rívolo, fueron sacados del caso, y la presidenta Cristina Kirchner hizo renunciar al exprocurador General de la Nación, Esteban Righi, por haber permitido un allanamiento en un departamento de Boudou. No hay que olvidar que quien primero tomó la decisión fue el fiscal Jorge Di Lello, de origen peronista, y fue quien pidió la indagatoria del Vicepresidente. Es decir, párrafo aparte para la Justicia argentina, que ha demostrado tener errores y ser lenta, pero que en esta se la está jugando. Están demostrando que a pesar de estar en el oficialismo o en la oposición, cualquiera puede caer si no hace lo que tiene que hacer.
En el aspecto político, la decisión del juez Ariel Lijo impactó de lleno en el oficialismo, el que deberá ordenarse rápidamente sobre un escenario distinto al que había hasta el viernes a las once de la noche. Según lo publicado por distintos medios ayer, en el Gobierno esperaban que esto ocurriera, pero no sabían que iba a ocurrir tan rápido, mucho más teniendo en cuenta que la defensa del Vicepresidente había pedido ampliar su declaración el mismo viernes. Con ese procesamiento en la mano, ¿Boudou debe renunciar como pretende la oposición? ¿Cristina mandará a defenderlo como ocurrió en las últimas semanas? ¿Le quedan muchas opciones al Gobierno? Todo depende de lo que decida Cristina Fernández de Kirchner en las próximas horas. Algunos medios especulaban ayer con que la Presidenta lo seguirá bancando, aunque pocos se atrevían a adivinar los pasos de la mandataria. Es ella quien acarrea con la responsabilidad de sostener a un funcionario que ni siquiera en el oficialismo aprecian demasiado. Mucho menos ahora. A propósito del oficialismo: el jueves se reúne el flamante Consejo Nacional del Partido Justicialista. ¿Qué harán los popes peronistas con Boudou? Tenían planeado defender a Cristina y el Gobierno en las negociaciones por la deuda, ¿harán lo mismo con el Vicepresidente? Ayer distintos funcionarios sanjuaninos con influencias en Buenos Aires no atendieron el teléfono y otros lo apagaron. Es razonable que así ocurra, ya que no saben qué determinación puede adoptar Cristina ni cuál es la línea que deberá seguir el Gobierno. Los principales dirigentes del peronismo, incluido el gobernador José Luis Gioja, tenían planeado arengar al peronismo para que las bases comiencen el trabajo político, de cara a las elecciones del año que viene. Seguro esto modifica esa agenda y será interesante medir el impacto que puede causar en los principales socios del kirchnerismo.
Habrá que medir también el golpe que la resolución provocará en el Congreso, ya que por ejemplo el Pro viene insistiendo desde hace dos años con el juicio político. Varios bloques de la oposición no han querido acompañar esa idea, pero es probable que esta decisión judicial cambie la opinión de esos legisladores, se verá. Por ahora y como era de suponer, la oposición en masa ha salido a pedir la cabeza de Amado Boudou. "Ni un paso atrás", respondería la retórica K. Para colmo de males, el contexto: no hay que olvidar que por estos días el país podría caer en la desgracia del default técnico, gracias a, dicen algunos opositores, la torpeza y tibieza del Gobierno Nacional para darle pelea a los fondos buitre. Tal vez Cristina decida encarar ese monstruo antes que dedicar tiempo al procesamiento del Vicepresidente, y si lo hiciera, no parecería una mala idea. Desde la resolución 125 que enfrentó a todo el campo contra el gobierno argentino, que Cristina Fernández no la pasaba tan mal. Es, probablemente, el momento más complicado de todos los años de gestión kirchnerista. Ojalá tenga la mandataria la serenidad suficiente para no tomar decisiones equivocadas, ya que de ello depende la salud institucional del país. Ojalá se siente a meditar sus próximos pasos, y no actúe intempestivamente. Ojalá la oposición piense en el conjunto y no trate de sacar ventaja de un momento delicado. Cualquier paso en falso puede ser determinante. Por ahora, por favor y en nombre de la institucionalidad, arreglen esto, ya que es el propio Gobierno el que ha puesto al país en esta situación. Y Dios quiera no nos ocurra como al diario español, que reclamó "Arreglad esto" y su selección terminó muy rápido afuera del Mundial.
