Son los All Blacks, los favoritos de siempre. Es así. Desde que se coronaron en 1987 como los primeros campeones mundiales, han llegado a cada certamen ecuménico como los principales candidatos a obtener el título. Sin embargo, recién respondieron en la última ocasión, en el Eden Park de Auckland y ante Francia como en aquella lejana primera edición. Tienen una deuda, ganar fuera de casa. Pero lo más importante para los ciudadanos neocelandeses es que su equipo nacional se ha ganado el cariño de la gente y ha hecho conocido a un país que se ubica del “otro lado del mundo”.
En ello ha colaborado mucho el ‘Haka‘, el ritual previo a los encuentros que sigue siendo esperado con ansiedad por los fanáticos. Pero también por la simpatía y sencillez con que se manejan sus jugadores, la misma que tiene la mayoría de los habitantes de una nación cuya población no supera los cinco millones de personas. Su camiseta es la más vendida dentro del mundo del rugby. El jueves pasado, en el encuentro disputado ante Namibia en el estadio olímpico, el negro era el color que prevalecía. Y difícilmente haya habido cerca de 50.000 neocelandeses en las tribunas.
Respetados por todos, llegaron hasta aquí para saldar ese viejo pagaré de ganar un Mundial actuando en condición de visitante. Y tienen el plantel ideal para hacerlo, con titulares talentosos y potentes y un banco de suplentes increíble. Cualquiera de sus suplentes, e incluso jugadores como Israel Dagg quien quedó afuera de la lista, serían titulares, al menos, en la mitad de los seleccionados participantes en el torneo. Con la clasificación en el bolsillo tras sus dos primeros éxitos, los conducidos por Steve Hansen utilizarán los últimos encuentros de la fase de grupos para ajustar detalles y llegar de la mejor manera a los cuartos de final a disputase en el Millennium de Cardiff. A partir de ahí no habrá margen de error y aún la memoria de su gente retiene la dolorosa derrota sufrida en ese mismo escenario e instancia ante Francia en 2007 o la inesperada caída ante el mismo rival en las semifinales del Mundial 1999 en Twickenham.
Este plantel de los All Blacks, casi imbatible desde la coronación en 2011, parece preparado para superar los obstáculos que se le presenten y llegar a la final. Tienen la idea fija en retener el título y convertirse en el mejor equipo de la historia. En un mes se sabrá si están a la altura de las circunstancias y pueden festejar por primera vez en Europa.
