Tras dos décadas de gobiernos de centroizquierda, tras la recuperación de la democracia, el empresario y economista chileno Sebastián Piñera asumirá hoy la presidencia del vecino país, iniciando una difícil gestión que posterga sus postulados de derecha, para poner de pie a una nación devastada.

El tremendo terremoto del 27 de febrero pasado, que dejó cientos de muertos y heridos y daños cuantiosos, el drama social y la paralización productiva, obligan a Piñera a volcar sus esfuerzos en una reconstrucción titánica. Solamente en infraestructura vial, ferroviaria, portuaria y de comunicaciones, se necesitan invertir de inmediato más de U$S 6.000 millones y se requieren otros U$S 12.000 millones para obras inmobiliarias y urbanas.

Piñera dijo que no tiene un minuto que perder y citó al gabinete para hoy mismo, luego de recorrer la devastada Constitución, en su primer viaje como presidente. Sin duda la bandera de "cambio" enarbolada por el magnate en campaña, deberá arriarse por ahora y como adelantó un estrecho colaborador, tuvo que repensar toda la agenda ante las urgentes necesidades de los chilenos. De todas maneras, a pesar de la catástrofe, los analistas internacionales mantienen la proyección de crecimiento del un 5%, para el primer año de gobierno.

Michelle Bachelet se va por la puerta grande, con el 84% de imagen positiva, a pesar de las críticas por su tardía reacción frente al colapso sísmico. La emergencia nacional también señala situaciones políticas inéditas en Chile: varios funcionarios de la Concertación seguirán en sus cargos y tanto el Partido por la Democracia como el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, autorizaron a sus militantes a continuar en sus puestos, por razones humanitarias.