Nuevamente el vandalismo ha dejado sus huellas de barbarie y burla a lo vinculado con la historia, en la estatua de Domingo F. Sarmiento, en la entrada de su casa natal. En mayo del año pasado un grupo de jóvenes robó el libro que aparecía en su mano. Ahora han quemado uno de los ojos de la estatua y han destruido los dedos de una de sus manos. De manera amplia se llaman "’vandálicas” porque mantienen un lejano parentesco con los comportamientos bélicos de un pueblo bárbaro, de raíz germánica, que habitaba Escandinavia y que, hacia fines de la Edad Antigua, invadió la Europa continental y asoló regiones mediante el saqueo y la destrucción.
Tales experiencias dejaron memoria, razón por la cual el calificativo de "’vandálico” se aplica hoy especialmente a estas formas de violencia gratuita que se concentra en lo que posee valor cultural, sobre todo estético e histórico. No se trata sólo de restaurar: hay que educar, prevenir y también sancionar. Sin esfuerzo, se aprecia que los autores de estos perjuicios han gozado dañando, porque otro significado no parece tener este tipo de acciones. Hieren el buen gusto y la sensibilidad los efectos de tal descarga agresiva.
Es cierto que esta modalidad transgresora crece en mala intención y gravedad cuando maltrata tanto a estatuas y monumentos ubicados en el espacio público como a murales en la vía pública, o juegos para niños en plazas o canteros con flores, o deteriorando edificios escolares como sucedió en varias ocasiones el año pasado. También ha ocurrido que en ciertas ocasiones el acto vandálico estuvo unido al propósito de robar, por ejemplo, cables para la transmisión de energía eléctrica o de telefonía. En esos casos, el delito tiene otra calificación, aunque también es una forma de vandalismo, que afecta medios y bienes de la ciudad y sus habitantes.
Todas estas acciones deben ser sancionadas como corresponde. No se trata de hechos intrascendentes. Está claro que la sociedad sanjuanina, como la de cualquier ciudad del país, no debe tolerar como inevitables las distintas expresiones de este tipo de violencia que afectan la vida urbana, por lo cual es indispensable obrar sin desmayos mediante la educación, el control y la sanción, tres conductas que tienen su tiempo y su función, pero ninguna se debiera omitir a fin de afrontar el problema.
